jueves, 22 de septiembre de 2016

Regreso a los pueblos del silencio: Quintanajuar

Quintanajuar fue uno de esos “pueblos-granja” de los cuales ya hemos visto algunos ejemplos en nuestros artículos sobre despoblación. Y es que eran candidatos a desaparecer como aldeas en el momento en el que el propietario de las tierras decidiese que quería venderlas o simplemente cambiar los modos de producción. A este factor podría unirse el hecho de que las personas no tienen el mismo apego hacia el lugar en el que viven si no son propietarios.

Vista de lo que queda de Quintanajuar


martes, 20 de septiembre de 2016

Ruta de senderismo: Cañón del Rudrón desde La Rad

Opción alternativa al tradicional recorrido por el cañón del Rudrón; con panorámicas distintas y complementarias al mismo. El trazado se ve adornado por el paso junto a unos chozos ganaderos (conocidos como “casitos” en la zona) que fueron reparados e incluso construidos desde cero por una sola persona. Más información en el blog de Elías Rubio.
 
Dificultad: Media-baja. Los ascensos son llevaderos y los caminos bastante diáfanos. No obstante, una pequeña parte del tramo más cercano al río necesita mantenimiento periódico para evitar que el sendero se cierre. Este mismo tramo puede estar parcialmente embarrado buena parte del año. 
Orientación (sin GPS con track o cartografía): Fácil.
Belleza: Alta
Tiempo y distancia: 4 horas y 15 minutos (17 kilómetros)
 


 

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Presencio

Esta comarca es rica en picotas y rollos, pero tenía que ser realmente impactante llegar a Presencio en el siglo XVI por el camino de Arcos y encontrarse con esta Picota; claro aviso a los viajantes con intenciones delictivas. Se conserva en su integridad.



martes, 13 de septiembre de 2016

Castrojeriz, pueblo camino.

Si hay un pueblo en Burgos asociado de manera evidente al camino de Santiago ese és sin duda Castrojeriz. Llegó a contar hasta con 7 hospitales de peregrinos y su entramado urbano está organizado en tormo a una calle-camino de más de dos kilómetros que forma un amplio arco por las faldas del cerro del castillo.



En el extremo occidental de la calle se sitúa la iglesia de San Juan, caracterizada en su exterior por la torre culminada en chapiteles a modo de edificación defensiva.


En su interior se manifiesta su estilo gótico avanzado.


Dispone de un claustro del siglo XIV.



Dominando el panorama se levantan las ruinas del castillo de los Condes de Castro. Por su importancia lo abordamos en un artículo aparte.


En el lado oriental del pueblo, en el barrio del Manzano, se levanta el imponente edificio de la ex-colegiata de Nuestra señora del Manzano.



Ubicada en el barrio homónimo de la localidad burgalesa, su nombre puede derivar de un monasterio de monjes benedictinos de Santa María de Almazán. La primitiva iglesia fue reedificada en la segunda mitad del siglo X, bajo el mandato del conde Garci Fernández y se convirtió en colegiata a partir del año 1173.

Portada principal. Destaca la figura de la Anunciación y el rosetón.

La construcción del templo que ha llegado a nustros días se inició en 1214 bajo la protección de doña Berenguela la Grande, reina de Castilla y madre del rey Fernando III el Santo. Su fábrica principal es de un estilo de transición entre el románico y el gótico, y tiene tres naves. En el siglo XV fueron reformadas las bóvedas y en el XVIII se elevó la torre, se edificó la capilla de la Virgen del Manzano y se añadieron, entre otros elementos, la sacristía y el coro.


Dos imágenes de la nave principal
En el interior, iluminado por un impactante rosetó gótico con vidrieras alemanas del siglo XV, se conserva un rico patrimonio artístico de diversas épocas. Además de varios retablos barrocos, entre los que destaca el de la nave central presidido por una tabla de Mengs, se localizan algunos sepulcros como los de los condes de Castro, patronos de la colegiata, y el de la reina Leonor de Aragón.


Dos imágenes del coro. Destaca el soberbio rosetón

Pero sin duda la joya del templo es la imagen en piedra policromada, siglo XIII, de Nuestra Señora del Manzano. El rey Alfonso X el Sabio, deslumbrado por su belleza, de dedicó cinco de sus famosas cantigas escritas en gallego. De hecho, aprovecha las mismas para narrar alguno de los milagros atribuidos a la Virgen, como aquel en el que, estando la iglesia llena de gente y a medio construir, repentinamente cayeron unas vigas del techo sin que, sin embargo, resultara herida ninguna persona.


Tomas de la imagen de la Virgen del Manzano y de su capilla neoclásica.

El interior del templo acoge un museo de arte sacro con el sobrenombre "María: una mujer en el camino". El entorno de la iglesia acoge cada mes de septiembre (el fin de semana más próximo al día 8), las tradicionales fiestas del Sejo.

Imagen de la ex-colegiata tomada desde el castillo

Esto es lo que glosaba el poeta Bonifacio Zamora acerca de Castrojeriz:

Un castillo vigía
De la vega del Odra, allá en la altura.
Guerrero que a las nubes desafía,
Más sin casco y apenas armadura,
Que a pedazos se quiebra y se desprende.

Un pueblo, que se tiende y que se extiende
Al sol de todo el día
Y al socaire del norte, contra el viento.

Unas ruinas en ruinas. Un convento
De monjas. Dos iglesias catedrales.
Reliquias de murallas por cimiento
Y un tesoro de joyas ojivales

Para saber más.

jueves, 8 de septiembre de 2016

Itero del Castillo, lugar frontera

Glosa el poema de Fernán González que:

“Entonces era Castilla un pequeño rincón,
era de castellanos Montes de Oca mojón,
y de la otra parte Fitero el fondón,
moros tenían a Carazo en aquella sazón.”
 
Los dos edificios principales de Itero; la iglesia y la torre

Nos vamos en el artículo de hoy a ese Fitero; actualmente Itero del Castillo Si bien se trata de un texto escrito ya en el siglo XIII, existe constancia de la existencia de ese Itero en el siglo X, en época de Fernán González, documentando dentro de las posesiones del conde Fernán Armentález, fundador de la cercana localidad de Melgar de Fernamental.


Puente Fitero, paso de peregrinos camino de Santiago
 
La misión de esta torre, existente sin duda desde la fundación del lugar, era vigilar los territorios circundantes, y en especial el importante vado de Puente Fitero. Más tarde mantendría su importancia dentro de este territorio muchas veces escenario de las batallas entre castellanos y leoneses. 
 
 

La torre actual, construida en sillarejo, data de finales del siglo XIV. Es de planta cuadrada ligeramente irregular, de unos 10 m de lado, levantando unos 25 m. En el lienzo SO se abre la puerta de arco apuntado, al interior de medio punto, localizándose en este muro y el O, en la zona superior, una ventana geminada también apuntada. En los otros lienzos se abren saeteras. Dispone de una abertura de mayor tamaño a media altura, que probablemente se corresponda con un antiguo acceso a través de una escalera. A principios del siglo XV don Juan Fernández de Velasco adquirió Itero, y ya se menciona en esa compra la torre. Posteriormente el castillo pasó a manos del conde de Haro, y en el siglo XVII era propiedad del duque de Lerma.
 


El edificio presentaba importantes grietas, cuyos efectos aún son visibles pese a la restauración integral llevada a cabo en el 2005. Esta restauración ha implicado la creación de una estructura interior en madera y metal de tres niveles, aunque probablemente en origen existieran cuatro. Los espacios son ocupados por maquetas de edificios y espacios de la zona, realizados por artistas locales, así como fotografías antiguas de la localidad. Al parecer en ocasiones se han desarrollado exposiciones temporales de diferentes temáticas.
 
 
 
 
En la puerta de acceso hay un teléfono de contacto para las visitas. Me comentan que tienen un porcentaje relativamente alto de visitas de extranjeros, debido al camino de Santiago, si bien la mayoría de los peregrinos no afrontan el pequeño rodeo que significa llegar hasta el pueblo. Las explicaciones que recibiremos no serán muy técnicas pero por el contrario estarán más pegadas a la tradición popular. Así sabremos sobre la posibilidad de que esta edificación no sea más que la torre del homenaje de una estructura defensiva de mayor tamaño, cuyas murallas llegarían hasta el actual arco del Ayuntamiento. 
 
 

Sabremos también cómo en la parte trasera de la casa del cura existía un pasadizo que según la creencia popular llegaba hasta la torre, espacio hoy atravesado por bodegas; las diversas teorías sobre el lugar en donde están los restos del conde Fernán Armentález…pero probablemente la anécdota más “jugosa” la conocemos al detenernos ante una foto antigua en la que aparecen dos personajes de cierto nivel a lomos de cuadrúpedos. Se trata de los antiguos cura y secretario del pueblo.
 
 
 
Según parece hasta hace unas cuantas décadas existía una curiosa tradición en este pueblo. El día de las cruces de mayo (el 3 del mes) estos dos representantes populares realizaban un trayecto por todo el perímetro del término municipal clavando cruces a intervalos regulares. La jornada terminaba con una comida popular en la que los que más provecho sacaban eran los niños. La creencia era que este rito protegía a las cosechas frente a las tormentas, y para enriquecer la anécdota mi interlocutor me dijo que supuestamente un año que no se cumplió con la tradición hubo un apedreo que acabó con toda la cosecha. 

Pero lo más conocido hoy en día de Itero del Castillo es muy probablemente su alargado puente sobre el río Pisuerga, que se constituye como lugar de paso de peregrinos jacobeos y límite con las tierras hermanas palentinas. Ubicado a tiro de piedra del núcleo urbano, fue construido en tiempos del rey Alfonso VI, a principios del siglo XII y sobre otro puente anterior que es mencionado en el Codex Calixtinus. Sucesivas riadas obligarán a frecuentes reparaciones, perteneciendo el grueso del puente actual a los siglos XVI y XVIII.

Presenta un perfil alomado con 11 arcadas u ojos, algunas apuntadas y otras de medio punto, con tajamares triangulares aguas arriba del Pisuerga y cuadrangulares aguas abajo. Este puente, siempre perteneciente a Itero del Castillo, tuvo una gran importancia estratégica, por lo que fue muy disputado en el Medievo, al ser el límite del condado de Castilla, y que actualmente se perpetúa como frontera de las provincias de Burgos y Palencia.

Es de los puentes más bellos y largos de todo el camino, y aquí finalizan los 114 kilómetros en los que el trazado cruza la provincia de Burgos.


Unos 200 metros antes de llegar al puente, el Camino de Santiago pasaba junto a la iglesia de San Nicolás, antes en ruinas y hoy completamente restaurada; esta iglesia era el templo parroquial de un pueblo, que todavía en el siglo XVI existía junto a ella, llamado Puente Fitero.

De ese despoblado hoy sólo queda parte de su iglesia parroquial, conocido con el nombre de ermita de San Nicolás, hoy completamente restaurada por una cofradía italiana (Confraternità di San Giacomo di Compostela in Perugia), que desde hace diez años, altruistamente, abre sus puertas (de mayo a septiembre) como albergue de peregrinos, conocido como hospital de San Nicolás de Puente Fitero.

Este es un lugar especialmente acogedor para los peregrinos que deciden descansar en él, ya que bajo el maravilloso ábside medieval podrán presenciar el recuperado rito del lavatorio de los pies. En la Edad Media, dentro de la atención sanitaria que se le ofrecía al peregrino, cabía destacar el lavatorio de pies, una práctica higiénica y necesaria, así como cargada de simbolismo cristiano.
 

Lo que nos ha quedado de este templo de San Nicolás de Bari es un pequeño edificio de factura protogótica del tercer tercio del siglo XII, compuesto por una bella capilla de bóveda de crucería con arcos apuntados, columnas pareadas en el intradós del arco que da acceso al ábside, y algún capitel con decoración de fina talla vegetal.

El resto es una sola nave con material pétreo diverso que denota épocas distintas en su construcción y cerramiento, así como arranques de bóvedas que nos hacen pensar en un edificio más alto y con una prolongación hacia el sur. Se accede al templo por una sencilla puerta de arco apuntado con tres arquivoltas en su intradós. El alero presenta sencillos canes, así como restos de un tejaroz para cubrir la entrada principal.

Como curiosidad indicaremos que poco antes de la ermita se encuentra una fuente conocida como Fuente del Piojo, lugar en el que según la tradición los peregrinos se libraban de tan molestos acompañantes.

martes, 6 de septiembre de 2016

Ruta de senderismo: La sierra de Albuera

Interesante recorrido que nos permite descubrir los espectaculares paisajes de la poco conocida sierra de Albuera (conocida por el nombre de Agüera por los lugareños) y alguno de los rincones que la rodean; en los valles de Zamanzas y Manzanedo.

Dificultad: Media-Alta. Aunque no se puede calificar de una ruta montañera, hay hasta tres ascensos, tramos con cierta complicación técnica y algunos puntos en los que el transitar puede hacerse pesado.
Orientación (sin GPS con track o cartografía): Difícil. En unos cuantos puntos hay que estar muy atentos a la señalización; respecto a la cual no somos muy optimistas en el medio y largo plazo.
Belleza: Alta
Tiempo y distancia: 4 horas y 45 minutos (16 kilómetros)
 







Situación
Hay que seguir antigua N-623 a Santander hasta el kilómetro 65. Aquí tomamos el desvío hacia Gallejones. Pronto accedemos al balcón que da acceso al precioso valle de Zamanzas, caracterizado por estar cubierto casi en su totalidad por bosques. Tras superar la citada localidad, 3 kilómetros más adelante, alcanzamos Villanueva Rampalay. Antes de entrar en el pueblo tomamos otro desvío, a la izquierda. Dos kilómetros adicionales nos llevan al cruce para subir al pueblo de Robredo de Zamanzas.

Puntos de Interés

Arquitectura popular de tipo montañés en todos los pueblos: Robredo, Barriolacuesta, Vallejo, San Miguel y Ailanes. Iglesias románicas de San Miguel de Cornezuelo y Ailanes. Bosques mixtos. Senderos de ascenso a la sierra. Panorámicas desde el Pico Navas.

Descripción de la Ruta

En el acceso a Robredo de Zamanzas alcanzamos una zona algo más ancha en donde se ubica una pila bautismal, posiblemente procedente de su arruinada iglesia. Dejamos el vehículo en este punto y buscamos, algo más abajo, el antiguo edificio del transformador eléctrico. Tomamos la bocacalle que nace junto al mismo hasta ver un cartel indicativo. Desde aquí descendemos por un borroso sendero que desemboca en un prado. 

Para seguir bajamos un poco y pasamos a otro prado algo más a la izquierda. Fijándonos en la línea eléctrica observamos, casi al final de la finca, un poste de hormigón. Caminamos hacia el mismo y unos diez metros antes del poste, a la derecha del prado y en una especie de esquina, buscamos el nacimiento de un sendero. 

El sendero está bastante ocupado de vegetación, pero es transitable y resulta evidente que se trata de un antiguo camino. Superamos un par de arroyos y empezamos a ascender, atentos en todo momento a las marcas de pintura señalizadora. En una bifurcación rechazamos un desvío a la derecha que nos llevaría a la carretera.

Aunque por momentos parece que el sendero tiende a cerrarse, avanzamos sin demasiadas dificultades hasta que la senda mejora de forma evidente. Pronto alcanzamos una bifurcación en la que seguimos por la derecha. Enseguida alcanzamos el pueblo semiabandonado de Barriolacuesta a la altura de su única calle.

La tomamos en sentido ascendente, hacia la izquierda dejando a la izquierda una zona herbosa a modo de plazoleta. Admiramos la bella arquitectura popular y pronto dejamos atrás el caserío. Aquí la pista hormigonada gira hacia la derecha, cosa que también hacemos nosotros. Muy pronto alcanzamos una carretera, que seguimos hacia la izquierda, pero casi inmediatamente nos decidimos por un sendero que ataca directamente el monte.

Una serie de revueltas nos permiten ganar altura con facilidad. Bajo nosotros aparecen los dos pueblos recorridos y algo más hacia la izquierda el tranquilo río Ebro. La vegetación lo ocupa todo. Sin mayores novedades alcanzamos un pequeño portillo. Al otro lado se encuentra el marcado valle central que divide longitudinalmente a la sierra de Albuera y, enfrente, un espectacular paredón rocoso.

El sendero baja con rapidez hacia el vallejo. Una vez en el mismo tenemos una trifurcación. Un sendero sube desde el cercano rio Ebro y un segundo comienza a ascender por el fondo de la depresión. Nosotros nos decidimos por una tercera opción, en dirección al llamado portillo de Vallejo, pues a ese pueblo se dirige.

Pronto nos hemos de enfrentar con un corto pero resbaladizo tramo de ascenso por piedra suelta. Superado el mismo la pendiente se suaviza considerablemente, de modo que transitamos por una especie de plataforma a media altura del marcado valle, pudiendo disfrutar de excelente perspectivas del mismo.

Tras unos cuantos centenares de metros sin mayor novedad que una llevadera pendiente, por fin el sendero se decide a supera la dorsal rocosa, y lo hace con una serie de preciosas revueltas. Al otro lado tenemos una portilla y unas cuantas revueltas más de descenso, en lo que parece uno de los seculares caminos de montaña que tanto me gustan. Vamos perdiendo altitud vigilando con cuidado de donde ponemos el pie.

De frente tenemos los paisajes, algo menos quebrados y exuberantes, del valle de Manzanedo. Superada la zona más rocosa vemos como la señalización se desvía algo hacia la izquierda, atravesando una potencialmente resbaladiza pedrera. Algo más adelante el sendero se desdibuja y es difícil de seguir; aunque en todo caso el destino es un camino que ya intuíamos desde lo alto del portillo.

Llegamos así a una especie de planicie inclinada y tomamos el camino que la recorre en sentido descendente. Bajamos con rapidez y de forma natural siguiendo a este amplio valle que gira hacia la derecha, entre interesantes ejemplares de quejigo. Tomando como referencia el arroyo alcanzamos un camino mucho más marcado a la altura de una marcada revuelta en el mismo.

En realidad acabamos de confluir en el recorrido del espectacular Paso de los Tornos. Sin embargo nosotros, en lugar de acercarnos al mismo nos desviamos hacia la izquierda. Tras una corta ascensión aparece ante nosotros el casi deshabitado pueblo de Vallejo. Ya en sus proximidades tomamos la opción izquierda en una bifurcación y enseguida alcanzamos este interesante caserío, aunque con cierta inquietud por los amenazantes perros.

Seguimos la calle que de manera natural nos conduce a la carretera que da servicio al pueblo. Aquí encontramos una fuente donde calmar la sed. Los siguientes metros trascurren en descenso por el asfalto hasta alcanzar una especie de mirador delimitado por una valla de madera. Desde el mismo podemos disfrutar de buenas vistas de un Ebro que fluye inmediatamente debajo.

Frente al mirador, al otro lado de la carretera y junto a un grueso ejemplar de fresno que ha vivido tiempos mejores encontramos el nacimiento de un camino que hemos de seguir. Ascendemos acompañados por buenos ejemplares de quejigo mientras el paisaje de la zona de Vallejo y Cidad de Ebro va quedando atrás.

Sin mayores novedades alcanzamos la entrada al pueblo de San Miguel de Cornezuelo. Merece la pena conocer sus balcones corrido de madera y su preciosa iglesia románica, pero hoy decidimos no entretenernos y tomamos la carretera hacia la izquierda, alejándonos del pueblo. Unos 400 metros más adelante localizamos un sendero que nace a mano derecha.

La nueva vereda se muestra confusa con frecuencia, pero como referencia diremos que transita durante bastante rato muy cerca de la carretera, ignorando las opciones que se alejan mucho de la misma; se trata probablemente del resto del antiguo camino. Tras contemplar frente a nosotros los escasos restos del castillo de Arreba, verdadero nido de águilas, el sendero se embellece al entrar en una zona más sombreada festoneada de árboles. 

En las proximidades de un arroyo el camino gira a la izquierda y la pendiente, hasta ahora casi inapreciable, se hace más acusada. Dejamos atrás el bosque, superamos una portilla y una zona de vegetación y escombros, afortunadamente muy corta, y alcanzamos la carretera.

Al otro lado de la misma nace un difuso pero evidente camino que se introduce en un pinar algo ralo. Tomamos el mismo y afrontamos un largo pero llevadero ascenso por un vallejo que en realidad es la otra parte del valle longitudinal de la sierra de Albuera. Notamos que este largo tramo va finalizando por la desaparición de la pendiente, que incluso se hace descendente. 

Al final del pinar encontramos la señal que nos informa que debemos caminar hacia la derecha para llegar a Zamanzas y Ailanes. El sendero es muy difuso y las marcas de pintura son nuestra única orientación, pero es evidente que se dirige a una pequeña grieta que permite afrontar el ascenso. 

Llegamos a la misma y continuamos ascendiendo con lentitud y dificultad por la existencia de resbaladizas pedreras y grandes piedras. Afortunadamente no queda mucho de ascenso y pronto llegamos a una especie de meseta intermedia al fondo de la cual observamos las antenas del Pico Navas. En la meseta encontramos un camino que debemos tomar hacia la izquierda para bajar a Zamanzas, pero si seguimos hacia la derecha una revuelta nos llevará en pocos minutos a la cima (también podemos acortar superando un tramo de incómodo brezo). 

Desde la cima, marcada con vértice geodésico y en donde nos tomamos un merecido descanso, disfrutamos de excelente vistas especialmente hacia el valle de Zamanzas. Localizamos sus pequeños y recoletos pueblos entre el verde del omnipresente bosque. Para continuar decidimos cruzar campo a través el brezo para volver al camino. 

Aunque al principio llanea, pronto el camino alcanza una portilla y empieza a bajar vertiginosamente hacia el valle. Una marcada curva lo cambia de orientación y finalmente acaba muriendo a la altura de una carretera; en las cercanías de un cruce. Nosotros seguimos de frente, hacia el casco urbano de Ailanes. 

A la altura de la primera casa vemos como la calle principal parece descender. Nosotros nos desviamos hacia la derecha disfrutando de las construcciones de este bonito pueblo. Pronto alcanzamos su sencilla pero recoleta iglesia románica. Dejamos atrás la misma sin cambiar de dirección y acabamos dejando atrás la localidad.

Ignorando las desviaciones y en suave descenso tenemos algunas vistas parciales de la parte central del pequeño valle. Unos 800 metros después de Ailanes llegamos una bifurcación. Hacia la derecha seguiríamos hacia Gallejones; nosotros vamos por la izquierda por un camino algo más borroso.

Un tramo después el camino parece desaparecer en una especie de campa. Mantenemos la dirección, más bien hacia la parte izquierda de la campa, hasta alcanzar una especie de fuente de hormigón. Aquí el camino reaparece, bordea un depósito de agua y acaba llegando a una portilla. Superada la misma llegamos al poco al pueblo de Robredo de Zamanzas dando por concluida la jornada.

Comentarios


La ruta propuesta aprovecha diversos tramos de la red de senderos del Parque Natural Hoces del Alto Ebro y Rudrón. En esta red se ha optado, en lugar de por una serie de senderos individualizados, por una especie de entramado en el que es posible plantear diversas combinaciones. No obstante, el retraso en la puesta en marcha de este Parque hace que la señalización y limpieza de las rutas no haya tenido continuidad en el tiempo y se presenten incertidumbres para el futuro. 


En el recorrido que nos ocupa hay algunos tramos en los que la falta de limpieza y renovación de la señalización puede llegar a dificultar gravemente el tránsito, precisamente por la escasez del mismo. Esto es especialmente reseñable en el primer kilómetro de la ruta. Aparte de esto es una ruta preciosa y semi-montañera. Hay algunos puntos, muy bonitos por otra parte, con cierta miga técnica. La ruta se puede comenzar también desde Ailanes o San Miguel de Cornezuelo.
Dada la existencia de un sendero que recorre la brecha central de la sierra; la ruta se puede simplificar hacia cada una de las dos mitades correspondientes; atacando la ascensión bien desde el valle de Manzanedo; bien desde Zamanzas.
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Track del recorrido (pulsa en el círculo verde para más información)




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Vídeo con imágenes del recorrido



jueves, 1 de septiembre de 2016

Fuente Úrbel

El río Úrbel recibe su nombre probablemente de la voz euskera "Ur-Beltz" (agua Negra). Es un humilde curso de agua que recorre 55 kilómetros de Norte a Sur desde la zona del Tozo hasta la desembocadura en el Arlanzón en las cercanías de Frandovínez. De antiguo el Úrbel tuvo fama de río truchero y, sobre todo, cangrejero, hecho que hoy lamentablemente hoy ha pasado a la historia.

El pueblo de Fuente Úrbel responde a un topónimo que no necesita mayores explicaciones. Para encontrar el manantial tan sólo tendremos que seguir unos centenares de metros en dirección suroeste el curso de agua que cruza el pueblo.