miércoles, 31 de marzo de 2010

Notas sobre la Semana Santa

Se nos echa encima la Semana Santa, y el enfoque que desde este blog vamos a dar sobre este tema no puede ser otro que el recuerdo de antiguas costumbres, perdidas o no, relacionadas con este momento del año.

Los rasgos generales ya los mostré en el post equivalente del año pasado, con lo que hoy me limitaré a añadir algunos datos adicionales más o menos curiosos.

Ya hablábamos precisamente en la entrada indicada de que en algunos pueblos se celebraba e incluso aún se celebra la quema del Judas, pero en el libro Patrimonio etnográfico en el Valle de Valdivielso aún podemos encontrar un evento aún más singular que se celebraba previamente en El Almiñé.

Hablamos del Juicio del Judas, la víspera del domingo de Pascua. La autora pudo recoger de un manuscrito los versos que se recitaban durante este juicio, en el que intervenían un juez, un defensor y un fiscal, y que acababa indefectiblemente en condena. Luego la quema era el domingo; los mozos iban por las casas y por las tabernas preguntando donde estaba el Judas: “¿Dónde está el judas?”¿has visto al judas?”, eran las expresiones comunes. Finalmente se daba por encontrado un Judas de paja y se quemaba.

Según se nos indica en el libro Leyendas populares del norte de Burgos, en Renedo, Extramiana, Villarán...pero también en otros pueblos de la provincia se celebraba hace muchos años la fiesta de “Las tinieblas de Judas”.

En la iglesia se colocaba una representación de Judas y tantas velas como rezos se fuesen a pronunciar para pedir el perdón por el deicidio. Cada vez que terminaba un rezo se apagaba una vela y así sucesivamente hasta que al final la iglesia se quedaba a oscuras; momento en que los asistentes empezaban a saltar y gritar de rabia, dirigiendo también sus insultos al Judas, al que acababan apaleando. Parece ser que la celebración se canceló entre otras cosas por los desperfectos que se ocasionaban a las iglesias.

Por último citaré otra antigua costumbre tal vez menos espectacular, pero más singular si cabe. En efecto, estamos acostumbrados a pensar en las saetas que en los pueblos del sur dedican a las procesiones, pero lo cierto es que, tal y como se recoge en el ya añejo libro Vida y costumbres de la comarca burgalesa del Arlanza, nosotros también teníamos una costumbre similar al modo castellano, que no es otro que la ofrenda de curiosas coplas relacionadas con el periodo pascual.

Destaca, por ejemplo, una interesante recogida en el pueblo de Villamayor de los Montes, en la que se hace un símil entre las partes del arado y la pasión de Jesús y que empieza así
 
“El arado cantaré
de piezas le iré formando,
y de la pasión de cristo,
palabras iré explicando…”

(en la imagen, escena de la quema del Judas en Trespaderne, de la web http://www.trespaderne.com/).

martes, 23 de marzo de 2010

Otros pueblos del Silencio: Loma

Las fotos fueron tomadas en febrero de 2016. 

Desde luego que la labor de Elías Rubio en lo referente a recuperar la historia de nuestros pueblos deshabitados es digna de todo elogio, pero, más bien como humilde complemento, recogeremos aquí algunas muestras de pueblos que, por unas causas u otras, podrían figurar en dicha lista.

El primero de ellos es el poblado de Loma, que, aunque aún figura en los mapas, puede pasar perfectamente desapercibido para los pocos viajeros que surquen esta parte del páramo de Masa.

El pueblo de Loma visto desde el dolmen de las Arnillas. Al fondo la iglesia de Quintanaloma.

Vista de las ruinas de Loma desde el camino de acceso. El desolado aspecto del entorno se ve realzado por el manto nivoso.

El acceso se realiza desde el pueblo del que formó parte como barrio, Quintanaloma, lugar sorprendentemente bien conservado y mantenido por su escaso vecindario. Debemos buscar la base de la mole de la antigua iglesia (hoy ermita) y desde aquí tomar un camino que en descenso nos lleva en unos centenares de metros hasta el arruinado caserío.

Casas parcialmente reconstruidas. Al parecer provienen de un proyecto vital que no llegó a cuajar

Nos cuentan en la web de Quintanaloma que:
"...en los años 30 aún quedaban 14 o 15 casas abiertas y que llegó a tener cura propio.La iglesia de San Andrés, el patrón del pueblo, estaba situada en el mismo centro del poblado. Esta tenía un campanario al que se subía por una escalera. Su ábside, que data del siglo XIII era el que hoy está en la iglesia urbana de Quintanaloma, ya que fue trasladado por completo en años posteriores. En la iglesia estaba el santo, San Andrés, y la Virgen del Rosario. También tenía una pila bautismal que, en parte, encontramos hoy día en la fuente de la plaza de la Fuente de Quintanaloma.

En las siguientes fotos, imágenes de casas arruinadas

Los lomeros, que así se llamaba a sus habitantes, se abastecían de agua en la fuente de Loma, de la que hoy en día se extrae el agua de Quintanaloma al lado de la cual estaba el lavadero. Por otro lado, no había ninguna cantina, se solían reunir en alguna cuadra a jugar a las cartas pero disponían de más hornos de uso privado que en Quintanaloma, pues existían hasta 4 o 5 hornos mientras que en Quintanaloma había 4.



En cuanto al trabajo, los habitantes de Loma tenían un pastor independiente de Quintanaloma para sus rebaños de ovejas y cada pueblo tenía un terreno diferente para pastar. Los rebaños de Loma eran más importantes que en Quintanaloma ya que tenían más reses por vecino y disponían de mejores pastos, desde Valdeloma hasta Tistierna. Nevaba menos en invierno y podían pastar en el valle, de esta manera necesitaban menos piensos. También tenían vacas y su pastor vivía en Loma y luego pasaba a recoger las de Quintanaloma, haciendo el recorrido contrario por la noche.




La administración local consideraba Loma como un barrio perteneciente a Quintanaloma, así pues, esta disponía de un regidor propio en Loma que se sumaba a los 2 regidores y el alcalde de Quintanaloma. Loma no disponía de escuela propia así que los niños debían desplazarse cada día para asistir a la escuela de Quintanaloma.


La cercana ermita de Santa Ana está colgada del abismo

Pero la actividad fue cesando durante los años 30, quedando apenas 4 o 5 familias a finales de la década. Después de la Guerra Civil, sobre el año 1956, Loma quedó totalmente abandonado al marcharse las últimas familias que vivían allí..."


La antigua ermita de Quintanaloma fue reformada con los materiales de la iglesia de Loma. Hoy ejerce de parroquial mientras que la antigua iglesia acoge un pequeño museo.

viernes, 19 de marzo de 2010

Una tierra de Leyenda (y IX): ¿Una teoría descabellada?

Uno mas uno son dos y dos más dos son cuatro. Si estamos hablando de que tenemos un castillo importante activo (junto con centros religiosos asociados) antes de y durante el primer periodo de la reconquista, tenemos un desfiladero, tenemos a los primeros protagonistas principales, tenemos leyendas de batallas y tenemos a una Virgen de Covadonga que pudiera ser originaria de estas tierras, es fácil dar un paso más y preguntarse…Caso de haber tenido lugar realmente ¿Pudo la batalla de Covadonga tener lugar la Horadada?.

Sí, ya sé que suena a sacrilegio pero por favor analicemos los datos sobre los que se sustentan unas y otras hipótesis. Teniendo unas bases frágiles en todos los casos hemos de dejar paso a la lógica. La verdadera frontera entre el reino musulmán y los territorios cristianos se estableció en la línea de montañas que delimitan las primeras estribaciones de la cordillera cantábrica, tal y como vemos por restos como el castillo de Tedeja.

Más allá de este punto, los desorganizados visigodos se acumulaban huidos de los diferentes territorios mesetarios, acosados por las frecuentes incursiones efectuadas por los árabes; toda vez que a estos últimos no les compensaba intentar establecerse en estos territorios montañosos desde los que era fácil sufrir emboscadas.

¿Hasta que punto tiene sentido que un ejército árabe atravesase todo este territorio, hasta Asturias para ir a sufrir su derrota en un lugar de casi nulo tránsito, apenas poblado, y fuera de todos núcleos de población? ¿No tendría más sentido que este encuentro se hubiese producido en un desfiladero situado en la verdadera frontera entre ambos pueblos, en donde se tiene constancia de la existencia secular de un centro defensivo, religioso y poblacional de primer nivel y varios indicios de encuentros en los albores de la reconquista?

¿Pudo ser la batalla de Covadonga y la del Negro día ser la misma en realidad?¿Es casualidad que precisamente hasta aquí fuese el único lugar hasta el que se desplazase una veneración tan concreta como Covadonga, o puedo más bien suceder que, una vez acontecida la contienda y triunfar la creencia de la virgen como factor decisivo en la misma, hubiese sido la misma trasladada a Asturias (o duplicada su veneración) desde San Juan de la Hoz, para protegerla ante el riesgo de futuras incursiones?

¿No sería posible que, con el paso de los años se perdiese la memoria del verdadero lugar de la batalla salvo en la tradición oral de los monjes trasladados, y poco a poco se hubiese ido asociando la ubicación del nuevo centro de creencia con la ubicación de la batalla?¿No es razonable que esta distorsión hubiese sido incluso favorecida por los monarcas astures para consolidar su posición como centro de poder del reino?

¿Hasta que punto es más descabellada esta teoría que la que se tiene hasta ahora como cierta?. No aseguro que esté en posesión de la verdad, pero desde luego todo esto da que pensar, especialmente sobre que pasaría si quien tiene potestad para hacerlo decidiese hurgar en el asunto.

Esta teoría no es mía, sino que ha sido expuesta, con variantes, por varios autores. Entre ellos recientemente Vladimir Ribero en Diario de las Merindades y por su padre Jorge Ribero-Meneses, hace más de 10 años.
Este curioso personaje es difícilmente clasificable pues mientras su tono descalificador e incluso agresivo y sus teorías ajenas a todo academicismo inducen a tomarlo poco en serio, lo cierto es que algunas de estas últimas (no todas, desde luego) están lo suficientemente argumentadas como para al menos tirar del hilo. Si tenéis curiosidad, una de sus múltiples páginas es esta.

jueves, 18 de marzo de 2010

Una tierra de Leyenda (VIII): La Virgen de Covadonga

Contaba el anterior arzobispo de Burgos, Santiago Martínez Acebes, en una misiva, que estando con un amigo asturiano, este le comentó “tienes que llevarme a visitar un día la virgen de Covadonga”. Creyendo no entender el prelado, le dijo. “¿será al revés, no?” y entonces esté le narró la historia.

 
La tradición indica que los dominios de los monjes de Oña se extendían hasta las mismas tierras del principado. Quisieron los abades mandar hacer dos imágenes iguales: Una para quedarse en Covadonga y otra para para su monasterio de origen primigenio. Es decir, no Oña, sino San Juan de la Hoz.
 
Un día, ya en el siglo XVIII, un incendio abrasó la imagen asturiana, y los monjes del santuario recordaron que en Burgos estaba la gemela e hicieron una a semejanza de esta. Es decir la virgen de Cillaperlata es la imagen más antigua que se conserva, hoy en día, de “la santina”. Esta talla, originalmente como decimos en el monasterio, acabó, tras la desamortización y abandono del cenobio y como tantas otras piezas, en la parroquial, que además adoptó dicha advocación
 
Pero de donde surge la inquietud es en relación al origen de las imágenes, es decir, sobre qué imagen es anterior a la otra. La historiografía tradicional concluye que ha de ser la asturiana la que generara la burgalesa, como parte del proceso de repoblación.
Pero una teoría más osada afirma precisamente lo contrario, esto es, que la devoción a la virgen de Covadonga es originaria de Cillaperlata y sólo después se trasladaría a Asturias.
Hablamos en todo caso de los primeros años de la reconquista, con lo que lógicamente las tallas originales que debieron existir ya se han perdido. Lo cierto es que de vez en cuando grupitos de asturianos se acercan a visitar la imagen y al parecer el propio Arzobispado de Oviedo ayudó a la rehabilitación de la iglesia como contraprestación a la cesión de la imagen para una exposición en 2001.
En las imágenes, distintas tomas del entorno de la iglesia de Cillaperlata, tanto la portada como los canecillos proceden con mucha probabilidad del antiguo monasterio (ver esta entrada)

miércoles, 17 de marzo de 2010

Una Tierra de Leyenda (VII): La Condesa Traidora y los Monteros de Espinosa


Existe en Castilla una leyenda, una de cuyas versiones se ubica precisamente en el desfiladero de la Horadada, según la cual existía en Castilla una condesa viuda, doña Aba, que había delegado los poderes del condado en su hijo, Sancho García, que gobernaba desde el castillo de Tedeja.


Esta condesa hallaba perdidamente enamorada del rey moro (a la sazón instalado en el Castillo de Frías) e instigada por él trató de envenenar a su propio hijo durante un banquete.

Pero el montero del Conde, Sancho Peláez, vecino de Espinosa de los Monteros, advertido de la conjura por su esposa Elsa, camarera de la Condesa, impidió que su joven señor bebiese de la copa envenenada. Antes al contrario, el joven conde ofreció la copa a su madre, que viéndose descubierta, decidió beber de la misma, cayendo muerta al instante.

Los conspiradores habían acordado que una vez muerto el conde se arrojaría paja al río como señal de que los mahometanos podían tomar sin problemas el castillo y organizarse para las nupcias. Los cristianos decidieron aprovecharse y arrojaron dicha paja y esperaron emboscados la llegada del ejército de los moros, a los que masacraron. Desde luego es factible un nexo de unión entre esta leyenda y la de la batalla de Encinillas que contábamos en el artículo anterior.

Gracias a la lealtad de su criado espinosiego, la traición en vez de alcanzar su fin, se vuelve contra doña Aba y su amante el rey moro, y ambos resultan muertos.
El Conde agradecido le concedió de por vida la noble misión de velar por su persona. Y así creó el Cuerpo de Monteros de Cámara, todos nativos de Espinosa, encargados de la tarea concreta de velar por el sueño de los reyes, estuvieran o no en palacio, institución que se mantuvo como tal hasta el siglo XIX, y cuya desaparición vino más bien dada por la reducción de la natalidad en la villa.

Si tenemos en cuenta que la fundación del cuerpo de Monteros de Espinosa data de 1006 (así como el gobierno del conde Sancho García), la leyenda así contada no tiene visos de ser cierta, pues existen anacronismos imposibles de explicar. Así razonan los autores del libro “Los Monteros de Espinosa: Mil años de historia”, pero tampoco dan una justificación de cómo puede haberse creado y sobre todo mantenido una institución durante todos estos siglos en los que tan convulso ha sido el devenir monarquía española, y gracias a la cual Espinosa de los Monteros se convirtió en lo que hoy es. Desde luego algún acontecimiento de gran calado tuvo que ser el origen de este cuerpo.
Hoy podemos reflexionar sobre todo ello en el Museo de los Monteros de Espinosa, en el que se guardan parte de los principales documentos y ordenanzas de esta milenaria orden. Allí, lo mismo que en el libro antes citado, podremos conocer más sobre las prerrogativas, derechos, símbolos y perpetuación de esta estirpe de caballeros, y sobre los efectos que estos tuvieron sobre la villa de los 60 escudos. Precisamente en la última imagen, su escudo (aquí nos lo explica el bueno de José Antonio)

Si no recuerdo mal, desde hace unos años se representan teatralmente estos hechos legendarios en Espinosa de los Monteros, cada año a finales de Julio, en la plaza que lleva el nombre del conde benefactor.

El libro, el museo y la representación, son sólo parte de los actos que tuvieron lugar en torno a la celebración del milenario de este cuerpo de guardia (el más antiguo de nuestro país), entre los cuales cabría citar la visita de la Casa Real y el hermanamiento establecido con el actual cuerpo de Monteros de Espinosa de la Guardia Real, heredero (aunque sea sólo nominalmente) de aquel legado.

martes, 16 de marzo de 2010

Una Tierra de Leyenda (VI): La Batalla del Negro Día

Terminábamos el anterior post de esta serie hablando de batallas y empezamos el de hoy de la misma manera pero, mejor, abordémoslos de otra manera.

En la carretera local que conduce de Trespaderne a Cillaperlata atravesamos un pequeño pinar dentro del cual se encuentra, casi escondida, la pequeña, humilde y casi arruinada ermita de la Virgen de Encinillas. Aún se celebra una pequeña Romería en torno al 21 de septiembre e incluso el lugar da nombre a una asociación Cultural en Cillaperlata, pueblo del que depende. Algunas versiones sitúan aquí el enterramiento del Duque Don Pedro que citábamos en la anterior entrada.

Pero lo más curioso es la segunda advocación de esta imagen, que también es conocida por el llamativo nombre de “Virgen del Negro Día”.
A la hora de saber a que hace referencia esta funesta denominación encontramos alguna confusión de versiones. La leyenda más leída hace alusión a una supuesta batalla acaecida en 722 en la que el propio Don Pelayo se unió a las huestes de Don Pedro para llevar a cabo una horrorosa matanza de hasta 9000 sarracenos. La Virgen habría intervenido en el lance haciendo que el día durase dos horas más para que los cristianos pudiesen acabar su macabra tarea.

Aunque hoy esta leyenda es tomada por una absoluta invención del historiador del siglo XVIII Argáiz (blanco de gran rechazo por parte de los historiadores actuales), lo cierto es que desde siempre en la explanada se han encontrado numerosos sepulcros, que han sido utilizados por los vecinos como fuentes, comederos o incluso reutilizados como nuevos sepulcros. Como ejemplo aquí tenemos unas fotos de hace unos años publicadas en la web de Trespaderne, en las que un sepulcro aparece adosado a las raíces de un pino.

lunes, 15 de marzo de 2010

Murió el hombre, mas no su nombre

El pequeño post de hoy va dedicado a Félix y Delibes. Dos hombres que tuvieron en común su carácter marcadamente castellano, su amor al trabajo, su absoluto dominio de la palabra y su incansable defensa de lo rural como raíz para recuperar el vínculo con la naturaleza. Sin ellos Castilla es un poco menos Castilla.

Hemos de recordar que pasaban sus veranos a tan sólo una veintena de kilómetros, los que separan Sedano de Poza, que uno de los hijos de Delibes fue colaborador de Félix, que Delibes dedicó la novela "Los Santos Inocentes" a Rodriguez de la Fuente (fallecido el año anterior a su publicación) y creo haber leído u oído que en Moradillo de Sedano contrajeron matrimonio unos familiares de ambos.
Encontraremos por la red un montón de referencias estos últimos días, como por ejemplo las del amigo Abi o las de Crónica Verde, pero quería añadir las mías.
 
Con respecto a Miguel Delibes, aquí os pongo un pequeño fragmento de El Disputado Voto del señor Cayo.

“Sabes lo que te digo- Dijo Victor de pronto, y su voz se iba caldeando a medida que hablaba-: Que nosotros los listillos de la ciudad, hemos apeado a estos tíos del burro con el pretexto de que era un anacronismo y… los hemos dejado a pie. Y ¿Qué va a ocurrir aquí, Laly, me lo puedes decir, el día en que en este podrido mundo no quede un solo tío que sepa para que sirve la flor del saúco?”

Y también dos reflexiones, que no por oídas dejan de tener mejor valor:
 
La primera, una de las más sencillas y más contundentes maneras de reflejar el apego a la tierra:
"Yo soy como los árboles, que crezco donde me plantan"

La segunda, una necrológica de un mundo ya desaparecido y que existe ya sólo en los libros:
"El mundo tal y como yo he conocido, desapareció cuando la charla del abuelo al nieto fue sustituida por la televisión".
 
Con respecto a Félix Rodríguez de la Fuente, la verdad es que me he pasado los últimos días con una especie de vacío en el estómago, pensando sobre si hay alguna otra persona en España sobre la que exista el sentimiento colectivo de habernos quedado huérfanos, de que nos ha sido arrebatado demasiado pronto...y no he conseguido encontrar otra ¿y vosotros?.
 
Hace ya unos años TVE le dedicó un precioso reportaje, del cual extraigo un pequeño fragmento relativo a su niñez en Poza de la Sal:
 
"...Yo recuerdo, cuando era niño, que cuando me iba a los páramos de mi pueblo de Poza de la Sal y volvía, vencida ya la tarde, con las primeras estrellas, a mi casa, el pueblo olía de una manera especial: Era el fuego de las chimeneas que olían entonces a carbón vegetal, a bojes, a aulagas, a leña...¡El Olor del Pueblo!; mezclado quizá con el olor de pan cocido y el olor, un poco ácido, y cálido, del ganado doméstico. Llevo clavado, en lo más profundo de mi ser, el olor que tenía mi pueblo cuando yo volvía por las tardes..."
 
En realidad Félix Rodríguez de la Fuente nunca ocultó la importancia que tuvieron sus raíces en su vida. Lo vemos por ejemplo en la última entrevista concedida a Diario de Burgos, pocos días antes de su muerte.

viernes, 12 de marzo de 2010

Una Tierra de Leyenda (V): El Castillo

Hasta ahora hemos visto un centro episcopal (Mijangos), Un centro eremítico (Tartalés) y un centro monástico (Cillaperlata), en un área de gran actividad entre los siglos V y X. Es lógico pensar que estuviesen en contacto con un centro civil militar del que recibiesen amparo y protección. Y este centro existía, vaya si existía.


El estudio del castillo de Tedeja (en los documentos antiguos Tetelia o Tutela, es decir, protector, de los lugares próximos) tiene como peculiaridad el hecho de que los expertos conocían su existencia mucho antes de que fuera localizado.

El documento más antiguo en el que se le cita es precisamente ese diploma al que hicimos referencia relacionado con el monasterio de San Juan de la Hoz, de 790. Los siguientes documentos datan del siglo XI, relacionados con su carácter de centro neurálgico del alfoz de Tedeja. A partir del siglo XII se cita sólo como alfoz, sin referencia al castillo y poco después pasa a ser un simple topónimo o pago. Desde mediados del siglo XIV se pierde por completo la pista del lugar.


Habría que esperar hasta 1981, hasta que un vecino de Trespaderne, Roberto Fernández, fundador a posteriori de la asociación Tedeja, tras siete años de búsqueda, localizaran su exacto emplazamiento. A partir de aquí esta organización no cejó en su empeño hasta que consiguió que las administraciones, especialmente “La madre Junta”, tomase cartas en el asunto.
 
Las diferentes campañas de excavación y puesta en valor (más de 12 años) nos muestran un complejo de un tamaño relativamente importante, de unos 1500 metros cuadrados. De acuerdo con los restos encontrados y el análisis de las diferentes etapas constructivas de las murallas, se puede establecer un primero periodo de poblamiento entre los siglo III-VI y un segundo del VIII al XII.
 

Asentado sobre un cerro a 721 metros de altitud, sobre el mismo pueblo de Trespaderne y en la boca norte del desfiladero de la Horadada, parece, visto a posteriori, lógica su ubicación. Su vista absolutamente privilegiada del cañón y de toda la llanada de Medina, junto con el profundo foso, los escarpes y las gruesas murallas (más de dos metros) hicieron de Tedeja una fortaleza casi inexpugnable.


Las impresionantes ruinas de Tedeja corresponden, por tanto, al castillo reconocible más antiguo de España y uno de los que, junto con los de Cellórigo y Pancorbo, con toda seguridad mejor sirvieron para cortar las frecuentes incursiones agarenas, río Ebro arriba, hacia este territorio de Las Merindades.

El libro "Los orígenes de Castilla: Una interpretación", incluye una interesante teoría según la cual podemos identificar Tedeja como uno de los puntos de control del Limes o frontera de la Hispania Romana tardía frente a los pueblos cántabros o vascones, no del todo romanizados. El castillo tendría asociada una población al pie de la Loma, en la que Santa maría de los Reyes Godos sería el núcleo religioso.


La época germánica habría heredado esta estructura de modo que Tedeja se acabaría convirtiendo en centro de uno de los ducados del reino Visigodo, el de Cantabria. En efecto algunos estudiosos del pasado (los actuales nos se meten en estos berenjenales) se remiten a Don Pedro, un personaje a medio camino entre la realidad y la leyenda, último duque de Cantabria justo antes de la invasión sarracena.

Don Pedro habría colaborado codo con codo con don Pelayo para luchar contra los moros en los inicios de la Reconquista. La colaboración y amistad de don Pelayo y don Pedro desembocó en el matrimonio de sus respectivos hijos, Alfonso por parte de don Pedro y la bella Emersinda, hija de don Pelayo.
A la muerte entre las garras de un oso del hijo y heredero de éste, el rey astur Favila, fue proclamado rey de Asturias Alfonso, conocido en la historia como Alfonso I "El Católico" (a. 739-757), el hijo de don Pedro, Duque de Cantabria, por lo que ambos territorios quedaron unidos.

La tradición nos dice que este Don Pedro fue enterrado precisamente en las cuevas/oquedades que se encuentran justo bajo Cillaperlata.



Los duques sucesores de Don Pedro seguirían habitando Tedeja, incluyendo el semilegendario Conde Rodrigo (Rodericus), y tal vez Diego Porcelos, hasta que a finales del siglo IX las huestes cristianas se aventuraron a expandirse hacia los valles tributarios del Duero.

De este modo Tedeja sería uno de los principales centros de resistencia a las numerosas Aceifas musulmanas (tal vez el mayor), tarea que debió desempeñar con razonable éxito toda vez que se constata la continuidad de la ocupación durante todo este periodo. Lamentablemente las crónicas que existen de esta época no son lo suficientemente precisas para ubicar con seguridad el desarrollo de las batallas, aunque, por ejemplo, hay quien muestra indicios de que la Batalla de la Morcuera (acaecida en 865) pudo tener lugar aquí.

Nada de esto hubiese podido producirse sin la Asociación Cultural Tedeja, fundada en 1988.
 
Ellos fueron los impulsores del proyecto que ha hecho posible el que, hoy en día, los turistas puedan conocer esta ruinas, a través del centro de interpretación de la Horadada, gestionado con los limitados medios del Ayuntamiento de Trespaderne, y que se encuentra ubicado en el evocador entorno de la antigua estación del Santander-Mediterráneo (si hubiese dinero e interés, que efecto sinérgico tan bonito se podría crear entre ambos recursos) y en donde nos podrán informar de parte de los núcleos citados en esta serie de entradas.

jueves, 11 de marzo de 2010

Una Tierra de Leyenda (IV): El Monasterio


Para continuar volvemos un poco sobre nuestros pasos y tomamos la carretera que, cruzando el Ebro, se dirige hacia Cillaperlata, con la vista puesta hacia al sur, hacia la sierra de la Llana y hacia las formas caprichosas de las rocas que han recibido nombres propios desde tiempos inmemoriales, cada uno con su explicación popular.
 
 
Y, ya a punto de llegar al pueblo, en lugar de tomar la última curva a izquierdas, tomamos el camino de la derecha en busca del punto que aparece cerrado por unas altas agujas y que en realidad esconde un angosto desfiladero u Hoz, recorrido por el arroyo del Coto, y por un antiguo sendero que conducía a Villanueva de los Montes.

En nuestro avance, acompañados de indicaciones de varios senderos homologados, observamos una serie de huertas y construcciones, herederas del antiguo barrio de Cillaperlata de Arriba. La razón de la existencia de este barrio la encontramos unos cuantos metros más adelante, ya en la boca del desfiladero, aunque hemos de prestar atención pues la vegetación lo ha hecho prácticamente invisible.
 
 
Aquí, oculto por “lutos de hiedra y zarzamora” (como dijo el poeta) tenemos olvidado lo poco que queda del antiquísimo monasterio de San Juan de la Hoz. El nombre de la Hoz proviene lógicamente de su ubicación.



Es probable que como continuación del profundo proceso eremítico de la zona se crease este centro monacal y esta es la razón de un antiguo barrio alto de Cillaperlata, lugar cuya existencia es con toda probabilidad anterior a la del monasterio y ha de establecerse en relación con el legendario alfoz de Petralata. (cillaperlata: el monasterio de Petralata)

Podemos acercarnos a su historia y leyenda de manos del libro de Inocencio Cadiñanos sobre el Valle de Tobalina. La primera cita documental data nada menos que de 790 (aunque algunos historiadores dudan de la autenticidad del documento), fundado o reconstruido por el abad Alejandro Quellino, posiblemente un mozárabe.
Esto le convertiría en el segundo monasterio documentado más antiguo de Castilla, si exceptuamos el de San Miguel de Pedroso, también en Burgos. La leyenda dice que aquí fue enterrado el rey Fruela, tercer rey de Asturias.

Precisamente de aquí partieron las monjas, en 1011, para la fundación, como monasterio dúplice, del muy histórico Monasterio de San Salvador de Oña, con su abadesa Tigridia a la cabeza. Este traslado implicó que San Juan de la Hoz pasase a depeder del monasterio reción fundado por el conde Sancho García.

La planta y los escasos restos actuales corresponden a la iglesia edificada en torno al siglo XII, aunque las investigaciones arqueológicas han corroborado una construcción altomedieval (y posiblemente visigoda) anterior. En estos estudios también se encontraron numerosos restos óseos de dichas épocas así como vestigios de las construcciones anexas.
 
En la última imagen podéis ver como se encontraban los restos en 1992, al poco de finalizar la excavación. Podemos apreciar tanto su tamaño relativamente grande como la clara traza románica.

El núcleo principal de Cillaperlata, se encuentra alejado unos dos kilómetros de este cenobio, pero durante toda la pervivencia del mismo vivió en continua tirantez para afirmar su autonomía frente al mismo. Entre las narraciones recogida por Inocencio Cadiñanos, podemos destacar la obligación que tenían los vecinos de acudir a misa a la Iglesia del monasterio en las principales festividades.


El antiguo convento acabaría pagando esta prepotencia en sus últimos años y ya tras su desaparición. En 1810 fue saqueado por el guerrillero Francisco Longa, por supuesto colaboracionismo del prior con los franceses. Tras su abandono el templo fue destrozado definitivamente durante la primera guerra carlista.

Es muy probable que debido a esta tiranía, los antiguos vecinos tuviesen menos miramientos de los habituales para arramplar con todo cuando el monasterio fue abandonado durante la desamortización. En el peculiar atrio de la iglesia de Cillaperlata se encuentran una serie de bien labrados canecillos cuya procedencia es fácil de sospechar, e incluso la misma portada huele a un origen del antiguo convento.


Podemos aún imaginarnos la primitiva estampa del antiguo monasterio, al pie de los picachos, con las huertas y cultivos a su vera. Debía ser ciertamente impactante. Lo único que nos queda ahora son estos tristes restos abandonados a una suerte muy poco digna para la historia que encierran.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Una Tierra de Leyenda (III): El Conjunto Eremítico

La siguiente parada de esta humilde narración se encuentra en el mismo núcleo del desfiladero de la Horadada, a tan sólo unos centeneares de metros de Santa María de los Reyes Godos. Se trata del relativamente conocido (está justo al borde de la carretera) conjunto eremítico de las Cuevas de los Portugueses.

El lugar sorprende por el bello entorno en el que se encuentra (a ambos lados de un cantarín arroyo que baja de la montaña) y por el gran número de oquedades existentes, hecho muy poco habitual.

Los indicios apuntan a una cronología de utilización entre los siglos VIII y X. Hay que recordar que es en ésta época cuando se extiende por la zona el fenómeno de eremitismo medieval, raíz de los parte de los movimientos monásticos posteriores, de modo que el arroyo central actuase como el moderno claustro o lugar de meditación.

Se especula con la posibilidad de que este centro actuase también como lugar de atención para los viajantes que se aventuraban a cruzar el desfiladero, que durante mucho tiempo fue sin duda un lugar inhóspito. ¿Podría ser que este lugar naciese como secesión o evolución de la basílica de Santa maría de Mijangos o Santa maría de los Reyes Godos? No es imposible.

Si no se ha podido conocer mucho más de este cenobio eremítico es probablemente como consecuencia de la intensa transformación que sufrió este lugar a principios del siglo XX, como consecuencia de su utilización como habitáculo temporal para los trabajadores que elaboraron el canal de Iberduero (obra ingenieril más destacada de lo que parece), la carretera y el ferrocarril, parte de ellos portugueses (de ahí su nombre); que aprovecharon también la fuerza del agua para construir una pequeña serrería.

Guarda sin duda relación con este conjunto eremítico la conocida como cueva de San Pedro, que se ubica a poco más de un kilómetro de estos asentamientos, en la canal en la que se encuentra Tartalés de Cilla y que divide en dos a la sierra de la Tesla.
 


Para llegar hemos de alcanzar este pueblo (la carretera nace justo al lado de las Cuevas de los Portugueses) y atravesarlo tomando el camino que continúa hacia su pueblo hermano Tartalés de los Montes para, en apenas unos 100 metros, coger el empinado sendero que asciende hacia la derecha y que en unos minutos nos deja a la altura del eremitorio.


Esta iglesia rupestre recuerda mucho a su homónima de Argés, y constituye una buena atalaya para contemplar el desfiladero de la Horadada. A su entrada hay dos tumbas altomedievales excavadas en la roca.

Este templo rupestre tiene una nave rectangular con orientación Este-Oeste, con el techo excavado formando una bóveda de medio punto. La cabecera absidiada se abre en el muro oriental, mientras que a los pies existe un pequeño contraábside elevado respecto a la nave. Ambos ábsides presentan planta de herradura y bóveda de horno. Esta planta rectangular con doble ábside es muy típica de este tipo de construcciones. También merecen destacarse los huecos de las antiguar hornacinas y en especial aquel preparado para depositar el altar o ara, que con seguridad fue trasladado o sustraído hace mucho tiempo.
 

La disposición de tumbas en el exterior y no en el interior del templo nos habla de la antiguedad del lugar, y del hecho de que no fue reocupado (las reocupaciones de los siglo IX o X solían implicar la invasión del fondo de la nave con nuevos enterramientos).

En todo caso, como es habitual en este tipo de construcciones, la fragilidad de los materiales, los muchos años transcurridos, su uso como residencia temporal o lugar de refugio... han deformado considerablemente lo que hoy podemos encontrarnos. Por ejemplo, es evidente que la entrada sufrió un desplome y que originalmente pudiera tener un acceso con forma de arco de herradura.


Hay quien dice que en esta cueva-iglesia habitó san Fermín, y que sus reliquias fueron conservadas en primer lugar en estas sepulturas, y luego en la en la ermita de su advocación que se mantuvo en pié, en el centro del pueblo, hasta hace unos 50 años. Al parecer aún quedan algunos rastros de esta iglesia y durante las excavaciones apareció un sarcófago del siglo X con restos humanos y con una inscripción que hace alusión al santo o más bien ermitaño.

Existe una leyenda, tal vez más sugerente, según la cual quienes permanecieron en la cueva fueron dos antiguos reyes moros (él y ella) que vivieron como eremitas una vez ocupado el territorio por los cristianos, y que pidieron ser enterrados precisamente en estas oquedades. Cuenta el Padre Ibero, un peculiar sacerdote con aficiones arqueológicas que vivió en Oña en los años 20, que encontró restos de huesos en este punto, pero se carecen de más datos.

El propio nombre del pueblo cilla=celda, ya evoca aquellos ancestrales tiempos.

martes, 9 de marzo de 2010

Una tierra de leyenda (II): La iglesia paleocristiana

Iniciamos nuestro periplo en las cercanías del pueblo de Mijangos. Justo a la entrada del núcleo tomamos un amplio camino a la izquierda que en realidad se dirige a Trespaderne, pero, al poco nos volvemos a desviar esta vez a la derecha para, tras ascender suavemente unos 200 metros, llegar a nuestro punto de destino, que se encuentra a la derecha del camino.
 

Hemos de prestar atención pues la señalización, aunque existente, es precaria. Os incluyo un croquis para el acceso.

Pero ¿que es lo que vamos buscando?. Pues nada menos que los restos de una iglesia paleocristiana conocida por el nombre de Santa María de Mijangos. Aquí, al mismo pié de la Tesla se encuentra este solitario lugar, vallado y sin acondicionar para la visita. Por otro lado, los restos que se pueden apreciar desde la verja no prometen mucho, todo ello contrastando sobremanera con la importancia que debería concederse a este lugar.


En primer lugar, en este punto se localizó hace ya unos cuantos años una valiosa lápida de consagración del templo, que se conserva en el Museo de las Merindades de Medina de Pomar y que data de finales del siglo VI o principios del VII.


La piedra habla así:

... CONSECRATVS EST (LO)CVS
S(AN)C(TA)E MARIAE (P)ONTIFICE
ASTERIO SVB D(IE) PR(IDIE)
NON(AS) M(A)IAS XVI GL(ORIOSE)
DOM(INI) N (O)S(TR)I RECCA(REDI)
(”El obispo Asterio consagró este lugar en Santa María el 6 de mayo por mandato de nuestro señor Recaredo”)


El hecho de que se cite al obispo de Oca y al propio rey que adoptó la religión cristiana para el reino habla por sí sólo de la importancia del lugar.

Pero las excavaciones llevadas a cabo en profundidad remontan la ocupación del lugar a un periodo aún anterior, al siglo V, todavía en época bajo imperial, Con estos datos podemos aventurar que Santa María de Mijangos es probablemente el edificio cristiano más antiguo de la mitad norte peninsular.



Los restos muestran un antiguo templo de planta basilical de tres naves y triple cabecera, de testero recto, puerta única al mediodía y por pequeño pórtico a modo de nártex. Pero su mayor singularidad le viene dada por su contraábside, habitáculo al poniente del edificio que tuvo un uso de culto martirial y que, junto a la misma tipología de la planta, indica los influjos rituales y las vías de penetración, oriental-norteafricana, del cristianismo en Hispania.
 
Es un edificio de gran porte, con una longitud de más de veinte metros y una anchura de diez. Entre los restos encontrados de su primera ocupación merece la pena destacarse una ventana paleocristiana, ejemplar casi único.

Se asume como posibilidad más plausible el que durante todo el periodo de invasión y asentamiento de los pueblos germánicos el templo quedase abandonado durante bastante tiempo, suficiente para que el edificio se derrumbase. Posteriormente vendría una refundación a la que haría referencia la estela citada anteriormente. El nuevo templo conservó en lo fundamental la planta del original, reutilizando los materiales romanos originales; si bien tuvo que adaptar el edificio para el culto católico (y no arriano, como sería el original).


A juzgar por los restos de toba tallada a modo de ladrillo de plementería , la nueva iglesia debió tener zonas abovedadas y, a la luz de los fragmentos de fustes de columnas hallados, contar con arcos tectónicos. Todo ello abunda en la más que plausible preponderancia del lugar.

Pero todavía existe una reforma posterior, ya del siglo X. ¿Quedó abandonada durante los primeros siglos de la reconquista o fue utilizada de manera continua desde el periodo visigodo a época condal? He aquí un punto para la reflexión de gran importancia. En todo caso, muchos autores coinciden en identificar Mijangos con la "Messanika" arrasada por los mahometanos en su razzia del año 865.

Hoy yace en un lugar apartado y semiolvidado, injusto para su anterior esplendor y, este dato también es importante, a menos de tres kilómetros en línea recta de la boca norte del desfiladero de la Horadada (de hecho incluso hay señalizada una ruta de senderismo, PR-BU-150, que conecta ambos puntos).


Hacia allí hemos de dirigirnos para encontrar otros restos que, sin ser tan relevantes, corresponden también a la misma época (poblamiento romano tardío y visigodo). Se trata de un yacimiento de llamativo nombre: Santa María de los Reyes Godos.
Descubierto hace unos cuantos años en la labores de ampliación de la carretera Nacional, casi enfrente del nacimiento de la pista que conduce a Cillaperlata. Los restos encontrados incluyen la planta de un antiguo templo y una serie de enterramientos, aunque da pena acercarse a los mismos pues su estado de abandono es desalentador (pese a los esfuerzos que está haciendo el Ayuntamiento de Trespaderne para su puesta en valor). También es probable que buena parte del yacimiento se perdiese al construir la carretera original.

Podemos tener una idea muy parcial del yacimiento si nos asomamos al mismo desde el talud del Santander-Mediterráneo, que pasa justo por encima.