jueves, 31 de marzo de 2011

Castillo de Monasterio de Rodilla

Las laderas que rodean Monasterio de Rodilla han supuesto desde siempre un punto estratégico de control sobre los importantes nudos de comunicación que pasaban por la zona (entre otros, el primitivo camino de Santiago). Ya los romanos fundaron aquí la villa de Tritium.

Hacia el año 1000 se construyó aquí este castillo. Tras pasar por manos navarras –formando parte de la línea fronteriza de La Bureba–, pertenecer a los reyes de Castilla y a una larga serie de propietarios, acabó, a finales del siglo XIV, dentro del ingente patrimonio de la poderosa familia de los Velasco. Aunque los restos conservados de la fortaleza son escasos –se reducen a la torre del homenaje de planta pentagonal adaptada a la roca y rodeada de precipicios y al lienzo meridional de la muralla– aún permiten hacerse una buena idea de la extensión e importancia de la misma. Sus muros tienen más de dos metros de espesor y están levantados con lajas de piedra irregulares y planas. Desde esta privilegiada atalaya, situada a 1.062 metros de altura, se contempla una excelente panorámica del sector meridional de La Bureba.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Ermita de Nuestra Señora del Valle

En un bucólico lugar, muy adecuado para la merienda campestre, y en los aledaños de monasterio de Rodilla, se encuentra esta preciosa iglesia que simboliza extraordinariamente el modo en el que el arte románico se integra con el paisaje.


En relación con el nombre del pueblo se cree que esta ermita pudiese ser lo que queda de un antiguo monasterio que era mencionado en el año 934 en un privilegio de votos del conde Fernán González y que, a comienzos del siglo XI, fue anexionado por el monasterio de San Salvador de Oña.

Estamos ante una preciosa fábrica románica no excesivamente detallista pero extraordinariamente armoniosa en sus formas.


Fechada a finales del siglo XII, su planta consta de una sola nave, dividida en tres tramos, rematada por un ábside semicircular. El tramo anterior a la cabecera destaca ligeramente del resto y forma una especie de incipiente crucero que, además, está cubierto por una cúpula de media naranja que descansa sobre pechinas. En el exterior y sobre la mencionada cúpula se alza una torre cuadrada a la que se accede por un elegante y fino husillo.

Una portada con arquivoltas ligeramente apuntadas –decoradas con motivos geométricos y con dos carátulas monstruosas en las jambas– franquea el paso a un interior de formas cuidadas y esbeltas en el que destaca una estudiada iluminación. La sencilla arquería que decora el ábside –también se observa en su exterior– y los dos curiosos baldaquinos de piedra, situados a los lados del crucero, son sus elementos más significativos. Procedentes de esta ermita, y ahora guardados en la parroquial, son las figuras de la titular del templo y un cristo del siglo XII.


Una preciosa fuente de capilleta de aires medievales, junto con su correspondiente lavadero, completa la estampa del paraje.

lunes, 28 de marzo de 2011

Cruzando España a pié por un motivo solidario

Salgo de forma puntual de la temática del blog para difundir un tema que pudiera ser de vuestro interés.

Resulta que de forma casual he entrado en contacto con un inglés, Bob Carr, que tiene planificado recorrer España a pié de Norte a Sur con vistas a recaudar dinero para la investigación contra el Cáncer.

Para colaborar se puede donar dinero, ayudarle en la búsqueda de alojamiento (cuenta con tenerlo gratuito en cada etapa, y no lo tiene cerrado completamente) e incluso acompañarlo uno o varios días. En este sentido cruzará Burgos aproximadamente a mediado de mayo.

Quisiera puntualizar que no es alguien al que conozca personalmente ni relacionado conmigo, aunque de la información obtenida no se desprende que haya nada extraño o sospechoso en el proyecto.

Podéis conocer más en la página web de la iniciativa:

viernes, 25 de marzo de 2011

Pueblos de la despoblación: Turrientes

Retomamos al menos por un tiempo esta temática, triste pero necesaria, de nuestros pueblos de la despoblación. Y lo hacemos con este lugar de Turrientes, relativamente cercano a Burgos, perteneciente al Ayuntamiento de Cerratón de Juarros. 

Como todos los pueblos apartados -aquí acaba la carretera y se necesita una antena auxiliar para garantizar la recepción de la señal televisiva- Turrientes se vió fuertemente afectado por la despoblación; pero un hecho particular vino a agravar este proceso, un corrimiento de tierras acontecido en 1962 que se llevó consigo la iglesia y un buen número de casas. Un artículo del diario de Burgos repasaba el año pasado lo acontecido.

Aquí podéis ver la iglesia que se construyó años después, en un emplazamiento diferente.


Pero los 87 habitantes de entonces abandonarían el pueblo uno a uno (en 2000 marchó para Burgos el último). Las estadísticas oficiales hablan de 5 empadronados, aunque ninguno pasa los dias de entresemana del invierno. Lo que sí se aprecia es que hay cierto esfuerzo reconstructor de antiguos pobladores y descendientes, pese a que el terreno sigue siendo inestable como lo atestiguan las grietas que aparecen aquí y allá.


Entorno de la fuente del pueblo.

Casas de buen porte.


Las casas caídas o derribadas acompañan a las que se mantienen en pié.


La calle principal o de san Andrés.



Una crónica del lugar más en detalle y más humana la podéis encontrar en el siempre recomendable blog Los pueblos deshabitados.

jueves, 24 de marzo de 2011

Cascadas de Burgos: Cascada de Peñaladros

El río de San Miguel, que nace en la cueva y cascada homónimas, recorre el valle de Angulo recogiendo algunos arroyos tributarios, y casi al final del mismo tiene que sobrepasar esta cascada de Peñaladros, una de las más representativas del panorama burgalés. Se encuentra en la localidad de Cozuela, tomando una pista cementada a la izquierda del caserío.


Esta toma, con la peña del Aro al fondo, es bastante conocida, pero no por ello es menos bonita.


El borde desde uno de los márgenes.


Y desde el otro margen.


martes, 22 de marzo de 2011

lunes, 21 de marzo de 2011

Una Leyenda Cidiana (y III): Pragmática realidad

La peculiar orografía de este área se debe en realidad a un original fenómeno geológico que experimenta el río Valtierra o Hurón, aledaño a Basconcillos del Tozo, al discurrir durante algo más de un kilómetros bajo tierra y resurgir ya con el nombre de Rudrón. Curiosamente este fenómeno supone una especie de trasvase natural, de la cuenca del Duero a la del Ebro.


El punto donde desaparece el río es un anfiteatro rocoso de gran belleza, dando lugar a la llamada Cueva del Agua o de Basconcillos, con más de tres kilómetros de recorrido total incluyendo una sala de más de 10.000 metros cuadrados.



En la superficie se encuentran algunos hundimientos del terreno, posiblemente relacionados con derrumbamientos en las cavidades inferiores.
Por la Cueva de los Moros el agua sólo sale en contados momentos, con ocasión de grandes avenidas.
En agua surge en realidad desde diversos puntos, entre ellos la fuente aneza este antiguo molino, que a punto estuvo de convertirse en hotel con ocasión del boom del petróleo, y que hoy duerme en sueño de los justos.

viernes, 18 de marzo de 2011

Una Leyenda Cidiana (II): La versión glosada

Os pongo la versión en verso creada por Ángel del Campo, en su libro "rimas y leyendas burgalesas". Es un poco larga pero espero que os guste:

Campeaba Mío Cid
por los brezales del Tozo
ha llegado a Basconcillos
para allí tomar reposo.
La voz corrió como el viento:
Que allí estaba el valeroso
don Rodrigo de Vivar
de mil hazañas famoso

Prestos con la voz vinieron
unos labriegos dolosos;
sus ojos, tristes de miedo
y el terror mordía sus rostros.
Ante el Cid se presentaron
cabizbajos y azarosos
y postrados, el pavor
mudos los tornó y medrosos

Alzaos, les dijo el Cid
con acento cariñoso
¿Qué queréis? ¿de que teméis?
¿Quien os persigue?
El demonio.
Vamos, dijo el Cid airoso,
¿es algún moro o truhán
o es que sois supersticiosos?

- No, por dios, noble y buen Cid
mas, ved vos mismo el acoso
que una maldita serpiente,
Cual dragón asaz dañoso,
nos hace matando ovejas,
cabras, macacos y borros.
Tan grande y tan fuerte es
que hasta descoyuntó un toro
que escapó de la vacada;
y, aunque muy bravo y furioso,
lo aprisionó en sus anillos
convirtiéndolo en despojo.

Pero es que hay cosas peores:
porque lo más horroroso
es que a los seres humanos
los busca con más doloso
encono, cual si su carne
fuera su plato goloso,
o como si el diablo fuera
y su placer más gozoso
consistiera en llevar almas
al infierno tenebroso.
 
Nadie sabe cuantos años
o siglos, vive en un foso
de Barrio de Panizares
a tres kilómetros cortos.
Ni tampoco nadie sabe
cuantos miles de destrozos
ha hecho: por cientos cuentan
de pastores y colonos,
labradores, cazadores
y transeúntes airosos
que, camino de Aguilar
por estas tierras del Tozo,
se perdieron o ignoraron
este tan infernal foso.

No hace mucho allá en verano
en el mismo mes de Agosto
perecieron, pobrecillas
entre gritos y sollozos
dos zagalas primerizas
venidas desde Montorio.
Poco después ocurrió
otro caso más curioso:
A un guerrero de Cantabria,
jinete en corcel brioso
que en una noche de truenos
se acercó errado al foso,
tras lucha descomunal
y a pesar del gran arrojo
de aquel valeroso cántabro,
el reptil verdoso y rojo
los convirtió en esqueletos
a los dos, como a mil otros,
al caballo y al jinete:
podéis verlos en el foso.

-Dejad ya-les cortó el Cid-
tanto relato espantoso
que yo mataré al dragón
y hasta al diablo sulfuroso…
Y vamos para allá ahora mismo,
antes que tome reposo
que aunque algo cansado esté,
os descansaré a vosotros,
que nunca a mí llega el sueño
si antes no soy victorioso
cuando hay un lance pendiente:
Así pues, vamos al foso…

Dicho esto, montó en Babieca,
el caballo más hermoso
que jamás yegua pariera,
amén del más valeroso,
al que jamás asustaron,
ni moros, ni lanzas ni osos,
por las sierras de Valencia
o las sierras de Pancorbo
por la alta Peña Cardiella
o el gran baluarte del Poyo.

Al pasar entre las casas
de Basconcillos del Tozo
el relincho de Babieca
alertó al pueblo medroso:
mujeres y hombres lo vieron
tras las puertas en entorno.

Tomó camino de Barrio
de Panizares y de Hoyos
y tras andar media legua
y a la izquierda, otro poco,
entre duros pedregales
vieron en un profundo hoyo
de un barranco muy siniestro,
entre espinas y entre abrojos
rodeado de esqueletos
la guarida de aquel monstruo
do aquel enorme reptil
serpenteaba sigiloso.

El Cid, cual nuevo Perseo
que a medusa venció airoso,
cual san Jorge o San Miguel,
que de ambos era devoto,
invocó a Santa María,
como hacía, religioso,
siempre que entraba en batalla
para salir victorioso.

Ya el sol se había ocultado,
la tierra estaba en reposo,
los brezos se estremecían
al romperse, estrepitoso,
el silencio de la noche
por aquel pisar garboso
de las patas de Babieca
sobre la hierba marchoso.

La arrogancia de aquel ruido
irritó al reptil. Furioso
reptó erguido hasta la cumbre
sibilino y alevoso.
Cómo brillan las luciérnagas
en las noches de bochorno,
cómo se tornan los huesos
por la noche luminosos.
Así brillaba su cuerpo
entre verde, azul y rojo:
es verdad que parecía
un ser infernal, monstruoso.

Babieca no se arredró
y relinchó valeroso.
tan atrevido relincho
puso al reptil tan furioso
que se enroscó en sus anillos
sobre su cuerpo rugoso
irguiendo la su cabeza
para saltar sulfuroso
seguro, cual si tuviera
ante sí un débil potro.

Babieca también se alzó
Sobre sus traseros lomos
y sus patas delanteras
fueron martillos de plomo
que, en hierro herradas, saltaron
sobre el reptil orgulloso.

Fuego alzó el gran dragón
de sus fauces, angustioso,
mientras era pateado
del caballo con arrojo
hasta hender con la herradura
la misma roca en un hoyo
que “Pata del Cid” la llaman
los hombres de aquel contorno.

El Cid tomó su colada
y cortó cabeza y tronco.
Esta tomó por trofeo
y aquel, le hizo tres trozos:
uno para los villanos
de Basconcillos del Tozo
porque vivieran en paz
y ya no fueran medrosos.
El segundo lo dejó
como señal junto al foso
donde hay un humilladero
en señal de testimonio.
Y el tercero, lo ofreció
a la iglesia, generoso,
por dar gracias a María
y a los santos, fervoroso.

Y hasta hoy se ve en la iglesia
de Basconcillos del Tozo
en la bóveda central
pintado en arco famoso
al dragón tragándose almas
como si fuera el demonio
y que dan de aquesta hazaña
También real testimonio.

Así perdura el recuerdo
de estos hechos hazañosos
cuando el Cid sobre Babieca
cabalgaba por el Tozo.
 

jueves, 17 de marzo de 2011

Una Leyenda Cidiana (I)

En la iglesia de Basconcillos del Tozo, justo enfrente del mural que mostrábamos ayer, se encuentra una curiosa representación de un monstruo o dragón con personas en su interior.


La iconografía tradicional considera esta representación como una de las modalidades con las que se presenta el martirio de los condenados, pero existe otra explicación relacionada con una de las más especiales leyendas burgalesas.

Cuenta la tradición que en esta zona del Tozo existía una enorme bestia, serpiente o dragón,  que traía atemorizados a los habitantes del lugar, habiendo acabado con varios de ellos y con buena parte de su ganado. La serpiente se refugiaba en una profunda cueva, conocida ahora como "cueva de los moros", en la localidad de Barrio Panizares. 



Tal era la fuerza de esta bestia, que en una ocasión, al ir a beber desde su cueva al Rudrón, abrió en la misma roca este agujero cercano, conocido hoy como Puente del Hoyo.


Sucedió que estando de paso El Cid por estas tierras, fue abordado por muchos vecinos, los cuales le refirieron todas sus angustias. El Cid, ni corto ni perezoso, fué a buscar a la serpiente a su misma guarida, y tras larga y enconada lucha, serían las patas del legendario caballo Babieca las que acabaría aplastando la cabeza del animal.

Es más, quiere la tradición señalar de que el golpe fué tan grande, que la misma huella del caballo quedase reflejada en la roca, recibiendo el fenómeno desde entonces el nombre de "Patada del Cid". De hecho incluso refiere Pascual Madoz en su diccionario la existencia de dicha piedra, por la cual se interesaron comisionados franceses e ingleses durante la guerra de la Independencia.
A través de la crónica de esta historia que nos hace Elías Rubio, en "Burgos en el Recuerdo", he deducido que se encuentra en torno al lugar que muestra la siguiente fotografía, si bien los vecinos ya señalan que con la erosión ha perdido toda apariencia.


Es más, hay algunos mapas que señalan el nombre de "patada del cid" o "pata del cid" a todo este área de las Loras.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Iglesia de Basconcillos del Tozo

La iglesia románica de Basconcillos de Tozo presenta una sobria decoración que puede apreciarse en ventanales y portada.


En todo caso tal vez lo más interesante que puede verse tras una relativamente reciente restauración son las pinturas góticas que existen en su interior.


Aquí una sagrada cena.

martes, 15 de marzo de 2011

Museo Etnográfico Félix Arroyo en Basconcillos

En los últimos años han proliferado los museos etnográficos en muchos puntos de la provincia, y este hecho no puede ser sino motivo de satisfacción pues nos permite tener más posibilidades de mantener en el recuerdo el legado de nuestros antepasados.

Uno de los más interesantes y sorprendentes, entre otras cosas porque no es muy conocido, es el que tiene Félix Arroyo en la localidad de Basconcillos del Tozo. El sitio se ubica hacia el final del pueblo según se viene desde Burgos por lo que era la antigua carretera de Aguilar cuando ésta cruzaba el pueblo.

El interés de Félix por la colección de los más variados objetos le viene de haber trabajado durante décadas, primero con su padre y luego de forma autónoma, como gestor de un taller de maquinaria agrícola. Sin embargo, la mayor parte de las piezas han sido adquiridas desde su jubilación, durante los últimos 15 años.

Félix, como buen castellano de raigambre, tiene un carácter un poco tosco; pero salvados los recelos iniciales empieza a pegar la hebra y hablar de diversos temas relacionados con el patrimonio rural burgalés, siendo su opinión en todo caso estimable.

La muestra está organizada en tres naves con los siguientes contenidos:
- Motocicletas antiguas, máquinas de coser de principios de siglo y fotografía histórica acerca de temas rurales
- Coches de época y otras piezas
- La fragua, el potro y diverso material funcionando

De todas maneras todo aparece amontonado y mezclado, y podemos encontrar los objetos más insospechados; hechos todos ellos que hacen tan especiales y deliciosos a estos museos. 

Aquí os pongo unas cuantas fotos.




En la siguiente, un reloj que data de 1860, y que estaba en la iglesia de Valdeajos, y surtidores de gasolina antiguos.


Máquina para curvar llantas de carro.


Una máquina para fabricar hostias litúrgicas.



Podéis saber mucho más sobre el lugar visitando su página web. Por cierto, tal y como allí se indica, si queréis visitar el museo es importante que llaméis antes al teléfono que se indica, en caso contrario podéis pillar en un mal momento a Félix. También se pueden adquirir vídeos sobre algunas actividades del pasado.

lunes, 14 de marzo de 2011

Escultura del agua: Cascada de San Miguel

El pasado fin de semana, aprovechando el buen tiempo y la reciente nevada en la zona más norteña, me encaminé a la búsqueda de algunas cascadas, y así de paso retomar un poco estas entradas que habían quedado en suspenso hace mucho. Para no acostumbraros mal y para que me duren algo más, os las iré mostrando en pequeñas "diócesis".

La que hoy os traido al blog es la cascada de San Miguel. Se observa al pasar el túnel de Angulo en dirección Arceniega, a nuestra derecha, al fondo del espectacular diapiro del valle de Angulo. Lo cierto es que está seca buena parte del año, pero merece la pena reservar un día del invierno o la primavera para acercarse hasta el lugar.

Para acceder dejamos el coche en una especie de aparcamiento que se encuentra antes del túnel, en lo que era la antigua carretera. En este punto encontramos una portilla para superar el vallado de la derecha. A partir de aquí remontamos el valle, bien al borde del cortado disfrutando del precioso paisaje (una valla de alambre nos da cierta seguridad), bien por una senda que discurre algo más hacia el interior, por la parte posterior de una línea de puestos para la caza de la paloma. En unos veinte minutos podemos llegar a la zona más interesante, sin excesivo esfuerzo.

Esta alta caída consta de dos secciones. La cascada propiamente dicha, que entra plenamente en terreno burgalés, y la serie de saltos de la zona superior, que está ya en el País Vasco.
 

La cascada principal y la zona inferior.


Más cerca.

Serie de saltos de la zona superior.


El río nace de la Cueva de San Miguel.

Ya de regreso descubrí esta otra cascada, que nacía directamente de la parte interior del cortado.
 

Podemos integrar el acceso a esta cascada en una ruta de senderismo por el valle, la cual ya os mostré en una entrada anterior.

viernes, 11 de marzo de 2011

Ruta de Senderismo: Camino del Gurdieta

ESTA DESCRIPCIÓN ES BASTANTE ANTIGUA. ALTERNATIVAMENTE SE PUEDE ACCEDER A LA ZONA DE GURDIETA SIGUIENDO OTROS CAMINOS QUE SE DESCRIBEN EN ESTE ARTÍCULO.

La presente ruta discurre entre el Pueblo de Quincoces del Yuso y el balcón sobre el valle de Angulo, en las proximidades del Gurdieta.

Dificultad: media
Orientabilidad: Alta
Belleza: Normal
Tiempo: 6 horas

Situación.
Para llegar hemos de salir de Burgos por la N-I hasta Briviesca desde donde se enlaza por una carretera provincial con Oña. Desde aquí se sigue la N-232 unos kilómetros hasta la N-629, que nos deja en Trespaderne. En este pueblo se toma la carretera que nos conduce hacia Peña Angulo, tras unos 30 km por esta última Carretera se toma hacia la izquierda la carretera que conduce a Quincoces del Yuso. Tras atravesar parte del pueblo, nos desviamos por la última calle a la derecha antes de pasar sobre el río Jerea (casi siempre seco). Enseguida bordeamos una nave bastante grande, junto a la que dejamos el vehículo.

Puntos de Interés

Bosque de ribera del río (sobre todo en otoño). Paisaje del cauce erosionado por el agua. Algunas hayas y espectaculares vistas sobre el valle de Angulo.

Descripción de la Ruta

Bordeando la nave por el lado derecho enseguida enlazamos con un camino que pasa junto a un chalet de planta baja. Al poco aparece un camino a la derecha (el camino del Sel) por el que en teoría deberíamos volver.


De momento seguimos rectos hasta llegar en unos minutos de suave descenso hasta conectar por primera vez con el cauce seco del río.
El camino, fácil de seguir, cruza dicho cauce y se introduce en un bosque de quejigos, unos minutos después vuelve a bajar hasta el cauce, en una pronunciada curva, y en las proximidades de una especie de merendero. Aquí el cauce es muy ancho, como se puede ver por las rocas erosionadas. Siguiendo el mismo hacia la parte derecha se ve otro cauce, que desemboca tras una curva en una cueva por la que al parecer en épocas de mucho agua brota una surgencia.


De vuelta por el camino principal (que sigue el cauce) pasamos junto a unas mesas construidas con grandes piedras. En este punto podemos ver la vegetación de ribera, en la que destacan los arces que decoran el paisaje con sus espectaculares tonalidades otoñales. Durante unos instantes el camino deja a la izquierda el cauce y cuando vuelve a juntarse desemboca junto a una portilla para el ganado que es preciso cruzar.

Al otro lado seguimos por una pradera dejando en este caso el río a la derecha. Al final de esta larga pradera se cruza de nuevo el cauce, se sube un poco y se desemboca en las ruinas (apenas queda alguna casa reconocible) del abandonado pueblo de Quincoces de Suso. Junto a estas ruinas volvemos a cruzar el río (desviándonos un poco a la derecha) y alcanzamos los restos de la iglesia.


Junto a la misma continuamos por un camino que discurre entre vallas de piedra, no tan marcado como el anterior, pero fácil de seguir ya que no cambia de dirección durante un buen tramo. Al final de dicho tramo, y tras una ligera subida. Las vallas desaparecen y se gira hacia la izquierda, caminado siempre entre árboles. Unos minutos después llegamos junto a unos nuevos cercados, junto a los que el camino se difumina.

Avanzando tan sólo unos metros hacia la izquierda salimos a una zona más abierta desde la que se tiene una vista del valle que acabamos de recorrer. Caminamos por esta explanada hacia la derecha. Deberemos salvar dos vallas (la segunda con ciertas dificultades) hasta llegar hasta la carretera (convertida casi en una pista) que conduce al pueblo de Relloso.


Tomamos esta carretera hacia la derecha y tras unos doscientos metros pasamos por dos veces por debajo de un tendido eléctrico. Nada más pasar por segunda vez aparece un camino hacia la derecha que se introduce de nuevo en el bosque. Instantes después llegamos de nuevo al cauce del Jerea, en este caso mucho más estrecho y profundo, que se salva por un puente de más de diez metros de altura. Dicho puente está limitado por dos portillas.


A partir de aquí empezamos una continua, aunque no muy exigente ascensión por un camino bien marcado. Tras un primer tramo alcanzamos la portilla de acceso al Monte Gurdieta propiamente dicho. Después de un tramo llegamos a la zona donde aparecen las hayas, que no llegan a formar un bosque muy compacto ni dominan por completo el paisaje en ningún momento.

Es en estos momentos, donde la pendiente es algo más exigente, cuando se llega a la altura del sendero que lleva a la cima, hacia la izquierda y marcado con una flecha roja. Al poco la pendiente se suaviza hasta casi ser inexistente y se pasa una nueva portilla por la que abandonamos de nuevo el cercado. Sin abandonar nunca el camino principal llegamos a la altura del camino del Sel, que puede ser tomado como alternativa para el regreso y que nace hacia la derecha.


De momento continuamos por la misma dirección para en un rato alcanzar el punto donde el camino se acaba difuminado. Lo mejor es seguir con ligera tendencia hacia la izquierda, junto a una gran haya y hacia una pequeña pared rocosa. Esta es la mejor manera de salvar la valla que aparece frente a nosotros.

Enseguida podemos contemplar las espectaculares vistas del valle de Angulo. Estamos en lo alto de las rocas que caen a plomo sobre el valle que se sitúa decenas de metros por debajo. Tras solazarse un buen rato con el verde valle y el vuelo de las rapaces es hora de volver sobre nuestros pasos. En el regreso tenemos dos alternativas, el camino del Sel (que no conozco) o regresar sobre nuestros pasos hasta la carretera, que ya no abandonaremos hasta Quincoces del Yuso.





Comentarios

En su momento redacté la descripción poco despues de realizar la ruta y con bastante detalle, pero como han pasado casi diez años no sé yo como estará el tema ahora.

Salvo las vistas de impresión sobre el valle de Angulo, la ruta puede resultar un poco sosa para algunos. Esta situación mejora un poco en otoño, cuando el valle del Jerea adquiere una preciosa coloración. Sin embargo, en esta época nos podemos encontrar con la desagradable sorpresa de una cacería en la zona. Supongo que en época de lluvia o deshielos podremos ver la Cueva del Agua y en general el cañón con mayor lucimiento.

La ruta descrita se corresponde con la que aparece en el tercer tomo de rutas de Enrique del Rivero. Podéis leerla aquí. De todas formas os adjunto el trazado aproximado hecho a mano por mi en wikiloc sobre la base de la cartografía de la zona. Os he puesto el regreso por el camino del Sel.