miércoles, 22 de febrero de 2017

Ruta de senderismo: sendero de las Torcas

El amplio área conocido popularmente como Las Torcas comprende buena parte de la zona de transición entre el páramo de Masa y las llanuras burebanas. Se caracteriza por un paisaje inhóspito y de muy escaso arbolado, compuesto por multitud de elevaciones bastante afectadas por procesos erosivos. Esta situación deja a la luz diversas capas de materiales calizos, arcillosos y yesíferos, formando una estampa muy diferente a las del resto de las comarcas de la provincia.

Dificultad: Media. Aunque no hay grandes desniveles, la distancia relativamente larga y el continuo sube y baja desgastan considerablemente.
Orientación (sin GPS con cartografía o track): Regular. Hay algunos tramos bastante confusos que desaconsejan realizar esta ruta sin este equipamiento; especialmente el tramo inmediatamente siguiente al alto de San Mamés.
Belleza: Normal.
Tiempo y distancia: 5 horas y media (22 kilómetros).

 


 


Situación

El inicio de la ruta se encuentra cerca de Burgos. Para llegar a la misma hemos de salir por la N-623 hasta Sotopalacios. Aquí se toma hacia la derecha la C-629 hacia Villarcayo. Tras menos de diez kilómetros de tomar esta carretera encontramos el desvío hacia La Molina de Ubierna. Dejamos el coche al final del pueblo, un tanto hacia la derecha. En las proximidades de la iglesia de San Román. Esta ruta también se puede iniciar desde Tobes y Rahedo.

Puntos de Interés

Iglesias de La Molina de Ubierna. Bosquetes del arroyo de la Molina. Paisajes de Las Torcas. Vistas desde el Pico Otero. Iglesia de Tobes. Bosquete de la Serrezuela.


Descripción de la Ruta


Cerca de donde dejamos el coche se encuentra un panel explicativo de la ruta. Empezamos a caminar bajando hacia el pueblo bordeando la iglesia, con trazas románicas, que queda a nuestra derecha (también podemos ir hacia la misma y enlazar luego hacia la pista que vamos a indicar). Pronto salimos del pueblo buscando la pista que conduce hacia el pueblo de Cobos Junto a la Molina, del que nos separan algo menos de tres kilómetros.

Al principio la pista está asfaltada, pero pronto pasa a ser de tierra. Caminamos paralelos al río de la Molina, un humilde cauce que al principio de la primavera tiene bastante agua. Alternan los cultivos con las laderas arcillosas de color rojizo. En bastantes puntos compite con éxito el bosquete de pequeños quejigos. Avanzamos con facilidad por un trazado que en general tiende al descenso. 

Sin mayores novedades alcanzamos las proximidades del pueblo de Cobos junto a la Molina; una localidad que a punto estuvo de desaparecer pero que hoy en día muestra cierta vitalidad, con varias casas arregladas y otras de nueva factura. Justo a la entrada del pueblo encontramos un paso inferior bajo el trazado del antiguo ferrocarril Santander Mediterráneo, instalación que en los momentos que escribimos esta líneas está a punto de reabrirse como vía verde para andarines y ciclistas. 

En esta zona encontramos un antiguo lavadero, unas mesas y un cartel indicador. Desde aquí tenemos dos opciones. La primera consiste en pasar por debajo del puente para continuar por la opción más corta para el recorrido de hoy. Nos decidimos por la opción larga, así que nos dirigimos hacia el pueblo. Aquí lo más representativo es la iglesia de estructura románica con algunos canecillos de cierto interés.

 Para seguir tomamos precisamente como referencia el ábside de la iglesia. En dirección contraria encontramos una era con una vieja portería de futbol. Atravesamos la misma y encontramos un camino que enseguida atraviesa la vía verde. Pronto girará a la derecha y terminará desapareciendo, pero nosotros continuamos por una especie canal sin sendero definido, siguiendo en dirección contraria al pueblo.
 
Subimos por los puntos que consideramos más evidentes, por una superficie arcillosa que por momento tiende a embarrarse, hasta que llegamos a una especie de planicie elevada. De vez en cuando encontramos los restos de pintura de señalización en algunos de los escasos arbolitos. Continuamos por la planicie con cierta tendencia hacia la derecha. 
 
Terminada la planicie bajamos un poco. Andamos por la ladera de otra pequeña elevación mientras contemplamos el paisaje. La vegetación arbórea es cada vez más escasa y los arbustos dominantes son aulagas, brezos, gayuba, enebros…Los huecos entre las rojizas elevaciones son ocupados por las tierras de cultivo. De frente observamos una serie de elevaciones más altas culminadas por franjas blanquecinas. 
 
La que se encuentra más hacia la izquierda es hacia donde nos dirigimos; siendo esta la mejor referencia. Continuamos por intuición en dirección a dicho punto, buscando los restos de senderos y evitando perder mucha altitud y entrar en las tierras. En general es bastantes fácil esta tarea mediante la cual vamos ganando altitud poco a poco.
 
Con un poco de esfuerzo llegamos a la altura de la franja blanquecina, algo más resbaladiza. La bordeamos por la izquierda entrando en una zona en donde parece encontrarse el resto de un antiguo camino. Pasamos a una zona más herbosa mientras que comprobamos que la cima se encuentra a mayor altitud. Un último esfuerzo y alcanzamos la altiplanicie más alta, a poco menos de 1000 metros de altitud, buscando el vértice geodésico del pico Otero, que así se llama esta cima. 
 
Desde aquí tenemos unas vistas muy amplias de todo el paisaje de las torcas, algo malogradas por la neblina del día. Observamos cómo en la mayoría de las elevaciones las caras oeste y sur tienden a ser algo más arcillosas y rojizas, y no tan áridas, mientras que las del norte y el este son más yesíferas y blancas, recordando un tanto a los paisajes de las “películas del oeste”. También comprobamos el escaso poblamiento que permite esta zona. Desde aquí se ven los pueblos de La Molina, Cobos, Quintanarruz, Lermilla y Melgosa, quedando algunos más ocultos entre los valles. A lo lejos distinguimos los perfiles de la Cordillera Cantábrica, Poza de la Sal, la Mesa de Oña…Hay un panel explicativo maltratado por las inclemencias. 
 
Tras disfrutar de las vistas volvemos sobre nuestros pasos. Nos orientamos hacia el resto de las elevaciones del “macizo”, que iremos subiendo y bajando una tras otra en un proceso entretenido y cansado, debiendo además tener cuidado para evitar resbalones. La última de las elevaciones recibe el nombre de San Mamés, y también tiene una planicie en su parte superior. Buscamos su lado sur que nos abre hacia el valle del pueblo de Tobes. 
 
Giramos un poco hacia el oeste buscando una nueva señalización y panel explicativo. Aquí la orientación se complica un poco más. Vemos hacia nuestra derecha las marcas del ascenso y descenso de motos. Caminamos hacia las mismas aunque antes es factible el descenso. Con un poco de suerte descubrimos estacas señalizadoras del trazado y las señales de delimitación de coto de caza.
 
Si perdemos las primeras buscamos las segundas. Bordeamos una primera elevación y pasamos por la parte alta de una segunda. Pocos metros después de la misma buscamos una placa de coto de caza con las señales blanca y amarilla. Aquí giramos claramente hacia la derecha por una zona ocupada por una replantación de pequeños pinos. 
 
El avance se hace un pelín difícil así que decidimos continuar por la tierra del lado izquierdo pero sin cambiar de dirección. Vemos muy cerca un arroyo y un camino. Vamos hacia el mismo atravesando un pequeño tramo de cultivo. Ya junto al mismo vemos que en esta zona el arroyo forma un pequeño estanque, el humedal de Peña Hueca, y se han instalado un par de mesas. Aquí hubiésemos llegado en poco tiempo si en Cobos hubiésemos escogido la opción sencilla.
 
Tomamos el camino hacia la izquierda pero vemos como, ante nuestra sorpresa, se difumina con rapidez. Seguimos sin cambiar de dirección bordeando una tierra de labor y hacia una loma que vemos enfrente. Una vez en la misma no pasamos por la parte más alta, sino algo más hacia la izquierda. Alcanzamos una zona un tanto quebrada que superamos por los mejores puntos, algo hacia la derecha, y finalmente alcanzamos un camino claro.
 
La llegada a este camino marca un antes y un después de la ruta. Tomamos el mismo hacia la izquierda en claro descenso entrando en una zona en donde las tierras de labor van dominando el paisaje. Pronto alcanzamos un nuevo área de descanso junto a un lavadero con fuente (La Fuente de los Prados). Estamos más o menos a mitad de ruta así que es buen momento para un descanso. 
 
Seguimos por el camino un buen tramo sin mayores novedades rechazando algunas derivaciones. Nos unimos a una importante pista y seguimos hacia el sureste en dirección del pueblo de Tobes. Subimos un poco y se nos une otro camino hasta que finalmente alcanzamos una carretera que tomamos hacia la derecha, muy cerca ya del pueblo de Tobes y Rahedo. 
 
Justo a la altura del cartel indicativo del pueblo encontramos un panel descriptivo de la ruta de hoy. Podemos visitar este pueblo, en donde lo más destacado son los arcaizantes elementos de su iglesia románica. En todo caso el sendero continúa justo en dirección contraria, por un camino que nace en el margen derecho de la carretera.
 
Bajamos por el mismo hasta que termina difuminándose a la altura de una loma. Subimos por la misma tomando como referencia las estacas indicativas hasta alcanzar otro camino que asciende hacia la izquierda. En suave ascenso vamos acercándonos de nuevo hacia la carretera. Justo en el punto en el que la alcanzamos localizamos un pequeño estrechamiento por el que podemos seguir subiendo, y que probablemente representa el rastro del antiguo camino carretero de acceso al pueblo.
 
Justo en la parte alta, terminado el estrechamiento, abandonamos la trocha y giramos hacia la derecha. Cruzamos la carretera y, sin cambiar de dirección, tomamos un camino que asciende decidido hacia lo alto del monte. A nuestras espaldas van quedando los paisajes de las torcas con el protagonismo de los picos Otero y San Mamés que hemos recorrido.
 
El camino entra en un humilde pero cerrado bosquete de quejigos y encinas. Rechazamos las derivaciones secundarias y seguimos ascendiendo. Justo al terminar un tramo algo más duro localizamos, hacia la izquierda, un mirador natural sobre los cortados que cuenta también con panel explicativo. Estamos en la llamada Serrezuela, lugar de cría de aves rupícolas. 
 
Desde aquí el ascenso es más suave e incluso hay algunos descensos. Un tramo después llegamos a una bifurcación en donde continuamos hacia la izquierda. Al poco el paisaje se abre entrando un en tramo más pesado y aburrido. La ruta ya se va haciendo larga. De nuevo en otro cruce seguimos hacia la izquierda. Al poco ignoramos un descenso hacia la izquierda y pasamos bajo unas líneas de alta tensión.
 
Vamos ascendiendo por esta zona alta sin especial interés. Finalmente tras este largo tramo alcanzamos unas señales identificativas de coto de caza mientras dejamos de ascender. El camino empeora sensiblemente y en las proximidades de una construcción encontramos unas rodadas en sentido norte. Tenemos la opción de continuar un kilómetro más hasta un mirador, pero decidimos ignorarla descendiendo por las rodadas.
 
Las muestras del camino son cada vez más evidentes y pronto comienza el descenso. Al poco observamos en la lejanía el pueblo de La Molina y las rojizas tierras que lo rodean. Vamos en dicha dirección con rapidez y facilidad hasta que, ya muy cerca, alcanzamos un camino más marcado. Aquí giramos a la izquierda, ascendemos un poco y giramos hacia la derecha. Enseguida cruzamos la vía verde y alcanzamos el pueblo en las cercanías de la zona en donde hemos dejado el vehículo.
 
Comentarios
 
La ruta descrita se corresponde con el sendero de pequeño recorrido PRC-BU-211, dentro de la red de senderos señalizados por la Merindad de Río Ubierna. La opción corta supone unos 16 km y es más sencilla pues evita las complicaciones del descenso y ascenso al pico Otero y San Mamés. La llegada al último mirador supondría dos kilómetros adicionales. Dadas las características del suelo, en época de lluvias puede haber tramos embarrados.
 
El mayor interés de esta ruta consiste en contemplar el paisaje de las Torcas. Para el que no se sienta atraído por el mismo puede resultar una ruta más bien sosa y pesada. Tal y como hemos indicado la orientación es compleja. La señalización en muchas zonas es deficiente y no soy optimista acerca de su evolución en el futuro.
 
El pueblo de la Molina de Ubierna es bastante activo teniendo en cuenta su pequeño tamaño. Sus vecinos han arreglado por su cuenta la iglesia de San Román; aunque el evento más famoso es su via Crucis Viviente, del cual en 2016 se cumplió su XXXVIII edición. De hecho, esta ruta la realicé justo el día anterior.
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Track para GPS (pulsa en el círculo verde para más información)


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Vídeo con imágenes del recorrido